A través de los años Chile ha experimentado, a nivel productivo, un crecimiento digno de reconocer. Sin embargo, los nuevos vínculos entre horario y productividad han traído cambios notorios en los hábitos de los trabajadores, que con 8 a 12 horas laborales, tienen como único tiempo intermedio, su jornada de almuerzo, muchas veces utilizada para desconectarse de las tareas laborales, o bien, para hacer tareas pendientes, dejando de lado su real fin: recuperar la perdida energética que tuvimos durante la primera parte del día y así poder seguir rindiendo óptimamente.

A causa de este ritmo acelerado la gran mayoría de los trabajadores optan por no tomar desayuno en su hogar y sólo consumir una o dos tazas café o té  en el trabajo (una o dos horas después de haber iniciado su actividad); y también, saltarse el horario de almuerzo y sólo consumir snacks o colaciones: café de máquina, galletas, etc.; superando las 300 calorías por cada colación.

Si a lo anterior, sumamos la costumbre de almorzar en lugares “express” completos y/o papas fritas más bebidas, tenemos un consumo cercano a las 1316 calorías solamente en el almuerzo, superando lo recomendado. Pensemos que un hombre de 60 Kg. con una talla de 1.60 mts. debe consumir diariamente (combinado con actividad física ligera) un máximo de 1800 calorías en el día; entonces nos queda un saldo extra de 350 calorías, aproximadamente, que sumamos sólo en el almuerzo, sin contar el resto de las comidas.

Si añadimos también el sedentarismo, es decir, si después de más de 8 horas de trabajo diario sentados, llegamos a casa nuevamente a sentarnos, estamos bastante lejos de las recomendaciones de La Organización Panamericana de la Salud (OPS), que considera el lugar de trabajo como un entorno prioritario para la promoción de la salud en el siglo XXI. Esto nos plantea un gran desafío como sociedad, actuando a tiempo antes de desarrollar complicaciones en la salud de nuestros trabajadores, a causa de las nuevas costumbres que nos obligan a dejar de lado nuestro autocuidado.