Lactancia Materna: El cáliz de nuestro aprendizaje

Durante la mayor parte de la historia de la humanidad casi todas las madres han alimentado a sus hijos o hijas de forma normal, natural y sin dificultades mediante el amamantamiento. Casi todas las sociedades tradicionales en África, Asia y América Latina han tenido un excelente conocimiento local sobre la lactancia, aunque las prácticas han variado de una cultura a otra (FAO, 2002).

“(…) los resultados nacionales muestran un panorama poco alentador frente a la lactancia materna como forma de alimentación exclusiva durante los seis primeros meses de vida”.

El famoso pediatra Paul Gyorgy dijo: “La leche de vaca es la mejor para los terneros y la leche humana es la mejor para los bebés humanos”. De esa forma, nadie puede negar lo claro que es esta afirmación, pero reconociendo también que toda madre tiene el derecho de amamantar a su bebé y que cada niño tiene el derecho de recibir leche materna. Cualquier impedimento de lo anterior es una vulneración a estos derechos elementales, a sabiendas aún de los numerosos beneficios que sustentan esta maravillosa práctica.

La lactancia materna es una práctica promovida desde organizaciones tan importantes como el Fondo de Naciones unidas para la Infancia (UNICEF), la Organización Mundial de la Salud (OMS), y regionalmente, por la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y el Ministerio de Salud (MINSAL) en nuestro país, entre muchas otras que la comparten. Pero paradójicamente, y en lo que respecta a la aplicación de dicha práctica, los resultados nacionales muestran un panorama poco alentador frente a la lactancia materna como forma de alimentación exclusiva durante los seis primeros meses de vida.

Por lo anterior, y desde una mirada estratégica, es importante buscar otras formas de reconquistar a la población sobre lo que significa realmente esta práctica, pues aunque suene “cliché”, es finalmente el futuro de nuestros hijos o hijas el que está en juego.