Instaurar un día contra el ciberacoso es un gran paso en sensibilizarnos contra la violencia a través de Internet. Lamentablemente muchas personas no logran verlo como un tipo de violencia o no dimensionan que se refiere a una agresión constante y no aislada; donde se recibe cada día un desgarro al núcleo de aquello que nos arma como seres humanos y que nos permite vivir con dignidad, motivación y energía. Esos desgarros rompen la autoestima, autoimagen, autoconcepto y autoeficacia.


Entender qué es implica comprender que hay una falta a los derechos humanos. Cuando dejamos que la comunidad infanto-juvenil se agreda entre sí, y avalamos desde el silencio, rompemos la esperanza de un mundo más justo. Enterramos la palabra cariño y nos enviamos a la muerte porque no hemos transmitido lo más importante del desarrollo y la sobrevivencia humana: amarnos, cuidarnos y respetarnos.


Mientras existan padres que no se hacen cargo de regular las redes sociales de sus hijas e hijos, mientras existan colegios que no se hacen cargo de lo que dicen sus estudiantes, seguiremos alimentando el ciberacoso. Mientras continúe una televisión y publicidad concentrada en cosificar las relaciones y las personas, donde la envidia y el egoísmo tenga tribuna, donde es circo hablar mal de una persona, vamos perdiendo el derecho moral para educar la paz.

Si bien existe el derecho a la libre expresión, éste debe cuidar de no dañar gratuitamente a un otro. Y la consideración del daño se ha perdido, el legado de ello es que cientos de miles de personas hoy arrastran el trauma de la violencia en su núcleo. En las guerras conocidas los que luchaban al menos tenían su personalidad desarrollada, el ciberacoso la destruye, por ello es la guerra silenciosa más cruenta de la humanidad.