En nuestro país, emblemáticos son los niños en publicidad. Como no recordar a los entrañables hermanos del manjar Colún y su diálogo eterno de “Mi mamá me da manjar….” o el uso de niños en campañas de RETAIL, en la patota de Súper Pollo, en la obra de teatro de un cloro o al simpático niño del Banco Itaú y su cara-frase emblemática “No se peleen”.

Actualmente hay muchas marcas que han ampliado su categoría de productos a los niños. Podemos ver extensas áreas de vestuario infantil en marcas nacionales y franquicias internacionales, en marcas masivas y de alta costura. También menús especiales para ellos en restaurantes, cosmética enfocada en niños, accesorios y un cuánto hay de oferta de contenidos enfocada en niños, llámese, recitales, películas, obras de teatro, exposiciones y demás.

Que los niños estén en publicidad no es casual, están ahí porque en un mercado tan pequeño y tradicional como Chile, la familia sigue siendo un valor fundamental y con ella vienen inherentemente los niños (hasta ahora). En ese sentido los niños son un enganche perfecto para muchas campañas, son dulces, tiernos, simpáticos, espontáneos, siempre dicen la verdad. Si vemos todos estos atributos y características personales, la pregunta obvia es ¿A qué marca no le gustaría asociarse a ellos? La respuesta es, a muchas, porque claramente el desafío de las empresas es establecer esta conexión emocional indisoluble con sus clientes y llegar a este enamoramiento y compromiso es una meta difícil de lograr y mantener.

Ancestralmente debemos estar comprometidos con nuestros niños y es bonito que la publicidad nos lo recuerde. Por eso cuando vemos el último spot de la Universidad Católica y a la hija de Diego Buonanotte realizando una labor tan simple y entrañable como la clásica composición de colegio, volvemos a nuestra propia infancia y entendemos aún mejor el mensaje, porque pasa por nuestro corazón y la queremos y decimos “La hizo la Cato, entendí perfecto lo que significa ser de la Cato”. Lo niños deben pasar por nuestro corazón y esa es una buena enseñanza de las marcas a la sociedad misma.

Volver a darnos cuenta que los niños son parte fundamental de nuestros propios esquemas culturales es algo que nunca deberíamos perder de vista, ni nosotros, ni los gobiernos.

Por eso es bueno que la publicidad de vez en cuando nos recuerde su importancia. Nos recuerde que los niños son  unos tremendos influenciadores y muchas veces decidores de compras y preferencias, incluso de estilo de vida. Piense cada uno cómo ha cambiado su vida desde que tiene hijos: sus amistades, grupos de reunión, lugares de vacaciones, estilo de alimentación y de comportamiento dentro y fuera del hogar, todo ¿Cuántos hogares de clase media destinan la mayor parte de sus ingresos en sus niños? La mayoría. Eso las marcas lo saben y a nosotros nos gusta recordarlo. Este estado de las cosas nos hace más humanos y eso es rentable, para las marcas y para el corazón.