Según la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) solo un 32% de la participación en ciencia y tecnología en Chile es desarrollada por mujeres.

El camino científico para las mujeres en Chile no es fácil. El desafío comienza desde una edad temprana donde las niñas siguen formas de crianza que no favorecen el desarrollo de habilidades científicas. Más tarde, en el sistema escolar se enfrentan a una serie de obstáculos asociados, entre otras variantes, a la existencia de patrones culturales y normas de género que incrementan la segregación entre hombres y mujeres en áreas del conocimiento. Lo anterior, hace que ciertas profesiones y disciplinas se categoricen como esencialmente “masculinas” y “femeninas” y que marquen, de forma decisiva, preferencias académicas y laborales a futuro. Hablamos de las carreras STEM, sigla en inglés que agrupa a las disciplinas de Ciencias, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas, y en las que históricamente se matriculan más los hombres.

No sorprende, por ello, que la presencia de la mujer en el mundo científico sea más bien baja. La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) indica que solo un 32% de la participación en ciencia y tecnología en Chile es desarrollada por mujeres, ubicándonos sobre el promedio mundial (28,8%), pero bajo el nivel de Latinoamérica y el Caribe (45,4 %). Por otro lado, según la Comisión Nacional de Investigación Científica y Tecnológica (CONICYT), a lo largo de los años el número de mujeres en programas de doctorado no supera el 45%.

En 2018 solo una de cada cuatro matrículas en las áreas STEM fueron mujeres, y en el ámbito tecnológico sólo el 5% de la fuerza laboral es ocupado por ellas, según datos del Ministerio de la Mujer y Equidad de Género de Chile. En este sentido, las instituciones de educación superior juegan un rol clave en la generación de incentivos y acciones que faciliten el ingreso de las mujeres a carreras no tradicionales para su género; en la formación académica de las futuras científicas, así como también en apoyar las trayectorias profesionales de académicas que se dedican a la actividad investigativa.

Mujeres de ciencia de la UST

Josinna Barahona Olivares se tituló el 2017 de la carrera de Biotecnología, mención en Investigación y Gestión Tecnológica de la Universidad Santo Tomás.

Ganadora por tres años consecutivos del Concurso “Aplica tu idea” de la Fundación COPEC UC y del fondo estatal VIU (Valorización de la Investigación en la Universidad) de FONDEF, Josinna confirmó que su pasión es divulgar la ciencia, trasladar el trabajo en los laboratorios hacia las comunidades y aportar al desarrollo de habilidades científicas.

Hoy es parte de la Fundación Ciencia Joven, del área Academia Joven, donde se desempeña como tutora de estudiantes de enseñanza básica y media, acompañándolos en la formulación, ejecución y comunicación de proyectos de investigación y de ingeniería. “Ver a las y los jóvenes motivados, celebrando sus logros es algo realmente lindo. A las niñas siempre les digo: ‘si yo puedo, todas podemos’”, expresó la exalumna de la UST.

Carmen Espoz Larraín es Bióloga Marina y Doctora en Ciencias Biológicas, mención Ecología. Actualmente se desempeña como decana de la Facultad de Ciencias de la Universidad Santo Tomás y como directora del Centro de Investigación Bahía Lomas de la misma casa de estudios, dedicado a la investigación, educación y desarrollo social en torno a la conservación de dicho humedal.

“Siento que por segundo perdemos toneladas de futuras/os científicas y científicos. Por lo mismo trato de ayudar y aportar a la formación docente y al desarrollo de programas educativos que motiven y capten a niñas y niños por y para la ciencia”, expresó Espoz.

Gisela Alarcón Rojas es Médico Cirujano, especialista en Medicina Interna y Hematología y Magíster en Gerencia y Políticas Públicas. Con una vasta experiencia profesional en materia de gestión en salud, hoy es decana de la Facultad de Salud de la Universidad Santo Tomás en la que el 74,2% de sus estudiantes son mujeres.

“Requerimos formar en salud a mujeres que ocupen espacios de gestión, investigación y liderazgo en los más altos niveles, resolviendo las barreras de acceso que tenemos para llegar a ocupar estas posiciones. Desde la academia está el desafío de trabajar en equidad en acceso y resultados, con enfoque de género”, señaló Alarcón.

Pamela Caro Molina es Trabajadora Social, Magíster en Ciencias Sociales y Doctora en Estudios Americanos. Con más de 20 años de experiencia en investigación e intervención social en género, actualmente es directora del Centro de Investigación y Estudios en Familia, Trabajo y Ciudadanía, CIELO, de la Universidad Santo Tomás, cuyo objetivo es constituir un espacio académico de producción de conocimiento científico, que sirva como base para la promoción de una ciudadanía laboral y social activa que contribuya a una sociedad más democrática, participativa, equitativa, equilibrada y socialmente sustentable.

“En la medida en que no se avance en materia de corresponsabilidad; en tareas de cuidado; de crianza; de trabajo doméstico, las científicas cargan con una jornada laboral mayor, con más estrés. Su productividad científica se ve tensionada por esta baja corresponsabilidad”, dijo la investigadora.

Paola Costa Cornejo es periodista, Máster Europeo en Ingeniería de Medios para la Educación, Doctora en Ciencias de la Educación y Doctora en Ciencias de la Información y la Comunicación. Actualmente se desempeña como investigadora de la Facultad de Educación de la Universidad Santo Tomás, desde donde lidera proyectos vinculados a innovación en aula, buenas prácticas docentes y a educación inclusiva y de calidad.

“El que haya menos mujeres en carreras tecnológicas y técnicas es un reflejo de las desigualdades, por un lado, sociales y por otro, culturales. Estamos en proceso de transformación, pero el proceso es lento y las políticas públicas debieran, por lo tanto, apoyarlo con fuerza”, agregó Paola Costa.