Ejercicio físico y terapia cognitivo-conductual

La encefalomielitis miálgica (EM), también llamada síndrome de fatiga crónica (SFC) o enfermedad sistémica de intolerancia al esfuerzo (ESIE), es un grave desorden debilitante y complejo, caracterizado por una alteración en la señalización de neurotransmisores, lo cual produce fatiga profunda que no mejora con el descanso y que puede empeorar por la actividad física o mental. Sus principales síntomas son la debilidad, dolor muscular, falta de concentración y/o pérdida de memoria y fatiga tras el esfuerzo. Las personas con esta enfermedad podrían no ser capaces de trabajar o de realizar sus actividades cotidianas (como ducharse, cocinar, ordenar), pudiendo incluso ser confinadas a una cama. Se estima que la mayoría de las personas con SFC no están diagnosticadas. Dentro de las terapias enfocadas en el alivio de los síntomas, se encuentra la farmacológica, la cognitivo conductual y/o la de ejercicio físico.

En 2011 la prestigiosa revista The Lancet publicó los resultados de un estudio británico (Estudio PACE) que concluía con una muestra de 641 personas, que la terapia-cognitivo conductual y el ejercicio moderado gradual (30 minutos de ejercicio aeróbico 5 veces por semana) durante 52 semanas, beneficiaban a esta población. A partir de este estudio, se implementaron estas actividades en pacientes con EM como la terapia de base.

El médico psiquiatra Sergio Oliveros (Madrid), comenta que los resultados fueron tomados inmediatamente por buenos por la comunidad científica y las administraciones sanitarias internacionales, sin embargo, algunos(as) investigadores(as) han publicado una carta en Journal Fatigue: Biomedicine, Health & Behavior criticando que los investigadores habían cambiado la forma de cuantificar la recuperación durante el curso del ensayo, lo que podía haber simplificado y alterado los resultados. Los investigadores del estudio han negado esta crítica afirmando que tales cambios no afectaron a los resultados. Muchos pacientes han atacado el estudio refiriendo que tales medidas terapéuticas, no ayudan, o incluso perjudican. Aunque todavía no se han aceptado cambios para los resultados del artículo, la institución gubernamental americana Center for Disease Control and Prevention (CDC) ha abandonado las recomendaciones del ensayo y hace unos meses el National Health System nortemericano ha mostrado su disposición a revisar las recomendaciones del estudio PACE. De momento, las recomendaciones para la terapia cognitivo conductual y el ejercicio físico que han sido el eje del tratamiento hasta ahora, tendrán que esperar a que se demuestre su eficacia o no.

La evidencia disponible hasta el momento, no es concluyente respecto a la modalidad ni dosis de ejercicio que podría beneficiar (en caso de hacerlo) a personas con SFC, incluyendo el estudio de referencia citado anteriormente. Podría ser recomendable probar bajos volúmenes de ejercicio (en distintas modalidades) con una lenta progresión (en volumen, frecuencia, intensidad y densidad), en la fatiga de cada persona con diagnóstico de SFC (bajo su percepción), y también en la población general (debido a que la mayoría de las personas no cuentan con el diagnóstico), e incluso en personas sin SFC, ya que podrían haber otras condiciones en las cuales es posible que programas rígidos de ejercicio, incrementen la fatiga, provocando que tarden muchos días en recuperarse neurofisiológicamente, pudiendo disminuir su calidad de vida (según características individuales y actividades de la vida diaria). Es importante evaluar caso a caso, ya que hay personas que si responden bien al ejercicio, y siempre preguntarles cómo se van sintiendo.