El mal de Alzheimer es una forma de demencia que afecta la memoria, el pensamiento y el comportamiento. Según la corporación nacional de Alzheimer y otras demencias (COPRAD, 2012) en Chile, el 1,06% de la población (180.000 personas) presentan Alzheimer u otra demencia, cifra que podría ascender en el 2050 al 3.10% de la población (626.000 personas). El año pasado un equipo de investigadores de la Universidad de York, Canadá, liderado por Becket, publicó en BMC Geriatrics un meta-análisis respecto al rol de la actividad física en la prevención del Alzheimer, dentro de los principales hallazgos, se destaca que la actividad física podría ser un factor protector importante contra la enfermedad de Alzheimer en los adultos de 65 años o más. En resumen, el estudio mostró que la evidencia actual indica que los grupos de adultos mayores más activos físicamente, tenían menos probabilidades de desarrollar la enfermedad de Alzheimer que sus pares menos activos.

Una revisión publicada por Paillard y colaboradores en Journal of Clinical Neurology indica que dentro de los posibles beneficios de la actividad física como factor neuro-protector en seres humanos, se  encuentran el aumento del flujo sanguíneo hacia el cerebro, aumento del volumen del hipocampo, aumento de la concentración plasmática de BDNF (factor neurotrófico derivado del cerebro), activación de óxido nítrico y óxido nítrico sintasa endotelial. En definitiva, esto permite que el cerebro funcione de mejor manera.

Es decir, la evidencia actual sugiere que la actividad física y el ejercicio físico podrían retrasar la aparición de la enfermedad de Alzheimer y que es una opción clínicamente relevante en la prevención de la enfermedad. Existe evidencia de que el ejercicio físico es capaz de mejorar la función física y cognitiva en los pacientes, reducir los síntomas depresivos e incluso la mortalidad.