Cuando los estudiantes comienzan su vida académica ingresan con muchas expectativas y ensoñaciones. Lo que comúnmente conocemos como el camino para “ser alguien en la vida” viene cargado también con ilusiones de sus familias, al ser en su mayoría la primera generación que accede a la educación superior. Es por estas razones que cuando reciben su primera evaluación deficiente, estos alumnos sufren frustración y ansiedad, lo cual muchas veces deriva en una muy temprana deserción. En virtud de esto entregaremos algunas recomendaciones para el éxito académico.

En primer lugar, debemos mantener la calma, ser organizado y planificar con anterioridad los horarios y repaso de las asignaturas. También recomendamos utilizar técnicas apropiadas como el uso de subrayado, mapas conceptuales o resúmenes que permitirán optimizar los tiempos de estudio.

En segundo lugar, la asistencia a clases es fundamental. Sabemos que en primer año la vida social aumenta, ya que conocemos muchas personas nuevas, pero conseguirse la materia no es lo mismo que la explicación, experticia y ejemplificación de un docente.

En tercer lugar, a veces la carrera elegida no es aquello que nos apasiona. No hay que dejarse llevar sólo por las carreras de mayor remuneración, por aquellas que “están de moda” o porque todos en la familia estudian lo mismo; siempre hay tiempo para comenzar otra vez y cambiarse a otra área de mayor inclinación.

Finalmente, podemos asegurar que la primera nota deficiente no es una sentencia de reprobación de la asignatura o inclusive de la carrera, sino una forma de motivación mayor. Muchas veces las notas que nos sacábamos en el colegio no serán las mismas en la  educación superior, ya que los contenidos tendrán mayor complejidad. Eso requerirá un esfuerzo adicional, pero hay que tener la mente puesta en las metas y visualizar el triunfo lo hará más cercano.