Por Roger Sepúlveda Carrasco
Rector Santo Tomás, Región del Biobío.

Sin duda que la segunda vuelta presidencial o balotaje que tenemos ad-portas debe ser de los eventos políticos más interesantes que Chile ha vivido durante los últimos años. Los candidatos Kast y Boric se juegan el domingo 19 de diciembre sus opciones presidenciales en una elección que, como nunca desde la vuelta de la democracia, ofrece dos opciones políticas diametralmente distintas, tanto en forma como fondo, y de donde habrá entonces que escoger quién nos gobernará los próximos cuatro años.

Ha sido muy interesante igualmente observar cómo los partidos políticos tradicionales han quedado en el camino al “hablar” los votos en las urnas, ya sea en primarias internas o las legales, siendo relegados a cuartos y quintos lugares. Asimismo, surgió a fuerza de votos una tercera fuerza electoral liderada por el excandidato Parisi, representada virtualmente online -si se quiere- dado que estuvo durante toda su campaña fuera de Chile, algo curioso y digno de un análisis aparte.

Lo que también ha marcado este proceso es confirmar la potencia de los medios de difusión menos tradicionales y, sobre todo, las redes sociales. Sin duda que las performances que los candidatos muestran en dichos ambientes van inclinando la balanza para un lado u otro. Asimismo, el desborde, los haters, los vídeos antiguos que aún viven en la red, las fake news y tantos otros, han enrarecido el ambiente, donde al final la contienda se ha vuelto dicotómica, de buenos y malos, dependiendo del lado de la vereda en que se opine.

Pese a todo, este panorama no debe hacernos olvidar jamás que el valor de una democracia se sustenta, además de en los actos electorales, en la sana y pacífica convivencia que debe existir, sea que votes A o votes B. Ello pues, el lunes 20 de diciembre seguiremos viviendo juntos, en un mismo país, donde la amistad cívica y la convivencia pacífica deben ser valores absolutos que no se deben tranzar, jamás.

Las divisiones en Chile tienen una triste historia, escrita a veces con sangre y muerte, lo que a su vez nos ha dejado por años herencias de desconfianzas y divisiones entre un bando y otro, entre derrotados y vencidos, entre buenos y malos.

El llamado entonces es a participar votando, nada más relevante para un país y la legitimidad de sus representantes y democracia que estos reflejen la representatividad necesaria. Y segundo, pero no menos importante, hay que recordar que, pese a todos los ingredientes nuevos y anécdotas, el lunes 20 de diciembre nuestro país seguirá escribiendo su historia, que ojalá sea de paz, desarrollo y prosperidad, pero que es un lugar donde todos debemos caber y nadie sobra.