Alumna de Servicio Social comparte su experiencia trabajando en ollas comunes: “Cuando la comida se prepara con amor queda más rica”

Leonor Guerrero señala que en este tipo de actividades solidarias puede aplicar lo que ha aprendido en su carrera y en Técnico en Trabajo Social, que también cursó en Santo Tomás Viña del Mar.

Leonor Guerrero estudia Servicio Social en Santo Tomás Viña del Mar, su segunda carrera después de haber finalizado Técnico en Trabajo Social en la misma institución. Como para todo el mundo, este 2020 no ha sido un año fácil, pero al igual que muchos alumnos tomasinos ella decidió pasar a la acción y buscar la forma de ayudar a quienes le rodean en medio de la pandemia de Covid-19. Fue así como se unió al trabajo de su junta de vecinos en la organización de ollas comunes que permitieron entregar alimentación a quienes no pueden costearla debido a las consecuencias económicas del coronavirus.

La estudiante de la jornada vespertina ya tenía experiencia en acciones sociales. Participa, por ejemplo, en la red de Twitteros Solidarios que organiza diversas actividades en la región. Pero en el caso puntual de su trabajo en medio de la pandemia, cuenta que fue fruto del interés y la casualidad.

“En la Junta de Vecinos Valencia Alto se presentó la opción de hacer un curso de manipulación de alimentos a través de Sence y por cosas del destino coincidió con el tema de la pandemia y así nació la idea de la olla común. Después del curso se armaron tres equipos para empezar a cocinar. Empezamos entregando 45 raciones los días lunes, miércoles y viernes, y ahora ya se entregan más de 100”, explica. 

Leonor cuenta que siempre le ha gustado colaborar en este tipo de iniciativas, pero también asume que el haber estudiado carreras del Área Ciencias Sociales le permite aportar desde otro punto de vista. “Me gusta pertenecer a grupos, aportar. La solidaridad me corre por las venas, por eso creo que elegí Servicio Social, que para mí es un todo, es una rama que cubre todas las posibilidades de ayudar a las personas, educar y orientar. Lo que he estudiado me sirve harto, pienso en cómo planificar, hacer catastros, organizar y poner orden. Siento que ahora tengo un respaldo de conocimientos que puedo aplicar para hacer cosas”, dice.

 “Satisfacción para el alma”

Respecto a la experiencia de trabajo en la olla común de Valencia Alto, comenta que fue “una experiencia bonita, agradable, ver cómo iban apareciendo las donaciones. Cuando una prepara comida con amor queda más rica, es muy satisfactorio para el alma. Hay viejitos cuya única comida del día es este almuerzo, entonces se les daba doble ración para que guardaran y comieran todos los días. Es difícil, son viejitos que viven solos, no tienen una red de apoyo, familia o alguien que los ayude, entonces de verdad esta comida les salva el día”.

La alumna de Servicio Social comenta también cómo ha sido su 2020. Dice que a sus 62 años de edad siempre es complicado estudiar, especialmente porque tiene un hijo con autismo y síndrome obsesivo compulsivo. “Mi marido siempre me ayudó a cuidarlo cuando yo iba a clases en la tarde, así que en ese sentido para mí ha sido mejor tener clases a distancia y no tener que descuidar mi casa. Me siento cómoda porque es más fácil estudiar así, las clases quedan grabadas y las puedo revisar las veces que quiera. Afortunadamente tengo la beca de excelencia académica y el resto lo cubro con CAE, así que eso es un gran apoyo. La verdad es que mi vida es un poco estresante, porque además soy modista y me llegan trabajos, pero sé que voy a salir adelante y estoy feliz con lo que estoy aprendiendo”, sostiene con esperanza.