Un Desarrollo Sustentable Requiere de Nuevas Energías

La energía es un recurso fundamental para el crecimiento y desarrollo de los países, pero la configuración de una matriz energética no es algo neutral, el cambio climático ha evidenciado que es consustancial al actual estilo de desarrollo, por lo que avanzar hacia un desarrollo sustentable de nuestros países depende en gran medida de las políticas nacionales, que en un marco de acuerdos internacionales, nos ayuden a lograr estabilizar las concentraciones atmosféricas de gases de efecto invernadero.

Nuestro sistema de gobernanza global, a través de la ONU, demoró 21 años en lograr al acuerdo de Paris 2015, lo que se tradujo en la base inicial de compromisos internacionales para que los Estados abordasen el problema del calentamiento global.

A partir de la organización de la COP25, Chile asumió un liderazgo mediante la Alianza por la Ambición Climática (NET-ZERO 2050), para avanzar en la transformación de nuestras economías y sistemas productivos en “Carbono Neutral”, rompiendo con paradigmas convencionales de los grandes acuerdos políticos internacionales, para buscar acuerdos globales pero mediante iniciativas voluntarias, que involucran a regiones, ciudades y empresas, construyendo acuerdos en base a un modelo de gobernanza colaborativa.

Actualmente, el número de compromisos para alcanzar cero emisiones netas por parte de gobiernos y empresas locales se ha duplicado en menos de un año, llegando a septiembre de este año a 22 regiones, 452 ciudades, 549 universidades,  mil 101 empresas, y 45 de los mayores inversores a nivel global.

En todo este proceso, el rol de nuestro país ha sido relevante, sin embargo, se ve debilitado cuando nuestras autoridades deciden, en una determinación para muchos incomprensible, rechazar el primer gran tratado medioambiental de Latinoamérica y el Caribe, el Acuerdo de Escazú, convenio promovido por la CEPAL, y que fue presidida precisamente por Chile y Costa Rica, durante cuatro años de negociaciones.

Sin embargo, Chile debe continuar avanzando en este proceso de transformación energética, el que se inició hace años. Contamos desde el año 2018 con una política energética proyectada al 2050, que se sustenta en cuatro pilares: Seguridad y Calidad de Suministro, Energía como Motor de Desarrollo, Compatibilidad con el Medio Ambiente; y Eficiencia y Educación Energética. Según estadísticas recientes de la Comisión Nacional de Energía, el sistema eléctrico alcanzó un importante hito, logrando que el 50% de la capacidad instalada de generación corresponda a fuentes renovables, de cuyo universo, un 53,2%, corresponden a capacidad hidroeléctrica; un 25,3% a solar; 18,1% eólica y un 3,4% a geotermia y biomasa.

Como país, caminamos de manera decidida en la transición de nuestra matriz energética, mediante la incorporación de energías renovables no convencionales, que ya representan más del 20% de matriz. Este camino debe ser sin retorno, y debe permear a toda la sociedad y a cada ciudadano en su diario vivir, para seguir construyendo alianzas colaborativas que nos permitan logran el tan anhelado desarrollo sustentable.