La forma de abordar la convivencia escolar se relaciona con la manera en que entendemos la propia convivencia. Así nuestra gestión sería el reflejo del enfoque o mirada que tengamos acerca de la temática, asumiendo con ello que nuestras concepciones generan ciertos efectos en las prácticas que desarrollamos.

Ante la pregunta ¿qué es una práctica?, y más allá, ¿qué es una buena práctica? la respuesta coincide con los planteamientos de algunos autores que señalan que una buena práctica, en el ámbito educativo, va acompañada de la construcción de sentidos y significados compartidos al interior de la comunidad educativa.

Comprender por tanto de manera consensuada lo que es una buena práctica, favorecería el diseño de acciones pertinentes a cada contexto, y de esta forma los acuerdos en torno al reglamento interno y el plan de acción formarían parte de un colectivo de significados para cada uno de los actores educativos. Así por ejemplo, cuando el director haga alusión a la importancia de una sanción formativa, los estudiantes, los asistentes y los apoderados validarán y apoyarán su discurso a partir del sentido que entre todos comparten.

Para comprender la convivencia escolar

Esta perspectiva acerca de recuperar el sentido de lo que hacemos se relaciona con la necesidad de visualizar que la convivencia presenta tres concepciones para su compresión desde las cuales surgirían nuestras las prácticas. En primer término encontramos la idea de la convivencia focalizada en los problemas; centrada principalmente en la conducta de los estudiantes fortaleciendo la creación de sistemas de normas. En segundo lugar hablaremos de la convivencia focalizada en el ambiente de aprendizaje; desde esta mirada se tiende a  involucrar más a los profesores y a los aspectos técnico-pedagógicos destacando su rol en la creación de ambientes de aprendizaje que logren mejorar el rendimiento de los estudiantes. Por último, está la noción de la convivencia transformacional que vincula al espacio escolar  con la formación en ciertos valores sociales y humanos generando acciones que vinculan fuertemente a la convivencia con el ethos escolar, generando una fuerte identidad con la escuela y promoviendo acciones que trascienden el aula.  (López, 2014).

El sentido y significado que tienen las prácticas convivenciales son conceptos integradores para la gestión, más aún cuando la comunidad educativa aspira a desarrollar acciones concretas, organizadas, planificadas e implementadas con el objetivo de mejorar los aprendizajes y la forma en que nos relacionamos.