El océano es el ecosistema más vasto del planeta. Nos provee de una amplia gama de servicios ecosistémicos a nivel global: la diversidad marina sustenta la pesca y acuicultura a nivel global, produce mas de la mitad del oxigeno que respiramos, regula del clima, absorbe el CO2 atmosférico, es la vía de transporte mas importante para el comercio global. Todos estos beneficios son valiosísimos para la sociedad moderna y el océano los entrega en forma gratuita.

Frente a nuestras costas, la pesca y acuicultura producen en promedio 3,8 millones de toneladas anuales, con una representacion de 74 y 26%, respectivamente. La pesquería incluye 74 peces, 54 mariscos y 13 especies de algas. Considerando el valor de las materias primas y su elaboración, el sector pesquero aporta entre 3 a 3,5% del PIB y produce el 1% del empleo a nivel nacional. Obviamente, no mucho de esto ocurre en Santiago, por lo que tiende a ser subestimado.

Pero, los hechos recientes han demostrado que existe una delicada e inestable interacción entre la producción acuícola, la extracción pesquera, el deterioro de la salud del océano, ejemplificado en la ocurrencia persistente de mareas rojas y el descontento social.

Es por este tipo de situaciones que la protección del océano debe ser una prioridad del Estado, tomando consciencia que no sólo se debe enfocar en evitar los catastróficos escenarios proyectados para el cambio climático sobre las costas, los stock de pesca, los cambios en acidificación y la interacción con eventos como el Niño. Tampoco usarlos como explicaciones ad hoc a nuestros problemas de manejo ambiental.

“La protección del océano debe ser una prioridad del Estado, tomando consciencia que no sólo se debe enfocar en evitar los catastróficos escenarios proyectados para el cambio climático sobre las costas, los stock de pesca, los cambios en acidificación y la interacción con eventos como el Niño”.

La protección del océano también debe incorporar una visión de manejo adecuado de los recursos marinos, pero integrando también la forma en que sustentan el bien común de los chilenos.

Chile ha dado algunos pasos con la reciente entrega del plan de acción para el cambio climático del sector pesca y acuicultura. Sin embargo, el cómo se articulará este plan, con la Ley de Pesca que rige actualmente, requerirá una definición más profunda. Mientras se resuelve esta disyuntiva, fortalecer los mecanismos de resiliencia de nuestros ecosistemas oceánicos y costeros debiese ser un imperativo para un país con vista al océano como Chile.