En la actualidad vivimos un contexto de incertidumbre, primero por el miedo al contagio propio o de seres queridos del Covid 19 y de sufrir las consecuencias de esta enfermedad. Se suman a esto todos los efectos colaterales que está dejado esta pandemia a partir de la aplicación de medidas que buscan su control, como los son las cuarentenas y otras restricciones, por ejemplo, han implicado el aumento de la cesantía o el miedo a perder el trabajo.

Por otro lado, el impacto también se hace sentir en los grupos más vulnerables, que se han visto limitados para realizar trabajos informales que permitan el sustento diario de su familia, el propio confinamiento de adultos, niños y adultos mayores, ya es por si solo un factor de estrés y ansiedad, en fin todos estos elementos pueden contribuir al deterioro de la salud mental de la población.

Según lo señalado por la Organización Panamericana de la Salud (OPS) en el documento “Protección de La Salud Mental en Situaciones de Epidemias”, los trastornos psíquicos inmediatos más frecuentes en los sobrevivientes son los episodios depresivos y las reacciones de estrés agudo de tipo transitorio. El riesgo de aparición de estos trastornos aumenta de acuerdo a las características de las pérdidas y otros factores de vulnerabilidad. En este mismo Documento la OPS señala que entre los efectos tardíos se reportan duelos patológicos, así como depresión, trastornos de adaptación, manifestaciones de estrés postraumático, abuso del alcohol u otras sustancias adictivas y trastornos psicosomáticos.

A partir de este análisis, es muy importante desarrollar diversas estrategias que consideren la dimensión psicosocial para mitigar este efecto de la pandemia. La contención familiar y de amigos se hace fundamental para todos, pero en ocasiones no es suficiente, por tanto, queda el desafío para los organismos públicos a cargo de la salud mental, generar políticas y estrategias que ayuden a enfrentar esta dimensión de la Pandemia a corto y mediano plazo. A este esfuerzo público, debería unirse el esfuerzo de las Instituciones de Educación Superior con carreras de la Salud y del área de la Piscología para aunar esfuerzos en esta titánica tarea. Una de las posibles estrategias a corto plazo es el apoyo psicoterapéutico virtual a personas que necesiten de algún tipo de contención y acompañamiento psicológico, y que éste no ponga en riesgo la salud de los potenciales pacientes ni de los terapeutas.