Ronquidos, sueño poco reparador y somnolencia: señales que no debemos ignorar
Hay mañanas donde levantarse parece más difícil de lo habitual; se durmió durante 7 u 8 horas, pero el cansancio continúa, cuesta concentrarse y aparece la necesidad de recurrir al café. Cuando esto ocurre de manera ocasional, puede ser consecuencia de una jornada exigente o de una noche particularmente mala, pero cuando despertar cansado se hace parte de la rutina, es una señal de alerta a la que debemos prestar atención.
“Dormir bien no significa solo cumplir con una cantidad de horas. El sueño debe ser continuo y reparador; si una persona tiene tiempo suficiente para dormir, pero sistemáticamente despierta cansada, es importante observar lo que ocurre”, explica Michel Garat Escudero, enfermero y director de carreras del área de salud de Santo Tomás Puente Alto.
La calidad del sueño tiene efectos que van mucho más allá de sentirse cansados al día siguiente; cuando el descanso es insuficiente o interrumpido constantemente, distintas funciones del organismo podrían verse afectadas.
“La consolidación de la memoria, el aprendizaje y la capacidad de atención se ven afectadas, pero dormir mal también podría repercutir en corazón y metabolismo, ya que dormir poco se ha asociado con un mayor riesgo de hipertensión arterial y enfermedades cardiovasculares”, enfatiza el académico.
En el caso de apnea obstructiva del sueño, las interrupciones reiteradas de la respiración pueden generar descensos de oxigeno y activar repetidamente el sistema nervioso durante la noche.
El sueño insuficiente puede afectar mecanismos relacionados con la regulación de glucosa, sensibilidad a la insulina y el apetito. A nivel epidemiológico, el sueño corto se ha asociado con un mayor riesgo de obesidad abdominal y diabetes tipo 2.
“Esto no significa que dormir mal vaya a provocar necesariamente estas enfermedades, ya que la salud depende de múltiples factores. Sin embargo, mantener durante años un descanso insuficiente o de mala calidad puede convertirse en un elemento más dentro del riesgo global”, explica Garat.
¿Cuándo preocuparse? Existen señales que deberían llamar la atención: ronquidos fuertes y persistentes, pausas respiratorias observadas durante el sueño, despertares con sensación de ahogo, somnolencia excesiva durante el día o despertar sistemáticamente agotado pese a haber tenido suficiente tiempo para dormir.
“No todo ronquido significa apnea y no todo cansancio implica una enfermedad. Lo importante es observar si los síntomas son frecuentes, persistentes y están interfiriendo con la vida diaria. Cuando existe una alteración sostenida, una evaluación profesional puede ayudar a identificar su causa”, explica el especialista.
Tres decisiones sencillas para cuidar el descanso
Para mejorar la calidad del sueño, el especialista propone comenzar por tres acciones concretas.
“Primero, proteger el horario de sueño. Acostarse y levantarse aproximadamente a la misma hora ayuda a mantener un ritmo estable. Dormir no debería ser siempre la actividad que se sacrifica para terminar las tareas pendientes”, enfatiza.
Segundo, preparar la noche. Reducir progresivamente las actividades estimulantes, limitar las pantallas antes de acostarse y evitar estimulantes durante la tarde puede favorecer la transición hacia el sueño.
Y tercero, no normalizar despertarse permanentemente cansado. Si el cansancio persiste pese a disponer de suficiente tiempo para dormir, o aparece acompañado de ronquidos intensos, pausas respiratorias o somnolencia excesiva durante el día, es recomendable buscar orientación profesional.
“El mensaje más importante es no acostumbrarnos a funcionar cansados. Dormir y descansar no siempre son lo mismo. Si esa diferencia se mantiene en el tiempo, vale la pena preguntarse por qué y buscar ayuda si es necesario”, concluye Garat.