Recientemente, la política migratoria de Donald Trump y su doloroso impacto en cientos de niños, niñas y sus familias se tomaba las portadas de la prensa mundial. Una vez revocada la medida y establecidos los límites que “protegerán” los derechos de estos niños, pero mantendrán el estado de “indeseados” de sus padres, el tema ha dejado de ser noticioso.

No obstante, aunque no aparezca en las portadas de los medios, no nos cabe duda de que no existe fuerza progresista en el mundo que no repudie con firmeza estos actos, ni las medidas parches que se implementan con un discurso de pseudo protección familiar.

Una vez más el actual presidente de los Estados Unidos ha dado muestra del carácter ultranacionalista, xenófobo y despiadado de su política.

Los aparentes logros económicos de su gestión languidecen ante los descalabros morales que ello implica e implicará, no sólo para su pueblo, sino para el mundo. Las últimas acciones de su gobierno contra los inmigrantes constituyen una escalada en su política aventurera. El desconocimiento patente de la propia raíz de un país, que se hizo grande en buena medida desde la inmigración, lanza una alerta para el resto del mundo.

Particularmente, para Chile constituye una experiencia imposible de soslayar. Nuestro país es, en la actualidad, uno de los destinos predilectos de una masa migratoria, no sólo desde aquellos más próximos, sino también de otras regiones. Hay conciencia de la necesidad de una política migratoria que no puede estar separada de la reafirmación de los más altos valores humanos, de los derechos ciudadanos e individuales.

No sólo se impone la necesidad de medidas para que la inmigración en Chile sea ordenada y de acuerdo a regulaciones internas y convenios internacionales, sino para que se asegure, desde la justicia y la equidad, que situaciones como las vividas por estas familias en Estados Unidos, no se repitan en nuestro país.

 

  • La presente columna fue realizada, en conjunto, por Alexandra Gajardo y Alberto Labarrere, ambos académicos de la Facultad Ciencias Sociales y Comunicaciones.