¡Convertirse en padre/madre es una experiencia transformadora!, es una afirmación que sin duda hemos escuchado en más de una ocasión o incluso hemos pronunciado.  La parentalidad, término empleado para referirse a la condición de ser madre o padre y que implica las actividades desarrolladas por éstos para cuidar a sus hijos/as, proveer y apoyar su desarrollo biológico, físico, intelectual, emocional y social, trascendiendo la condición meramente biológica, desde hace ya algunas décadas comenzó a ser un tema de interés para académicos/as y profesionales dado el impacto que tiene en el adecuado desarrollo de los/as niños/as y adolescentes.

Sin embargo, en el último tiempo y de manera incipiente, ha emergido un nuevo foco de estudio en torno a la relación entre la parentalidad y el bienestar parental, ya que, desde el punto de vista de sus efectos vivenciales, muchos/ as padres/madres consideran que la crianza de sus hijos/as es una de las tareas más felices y gratificantes, pero también una de las más estresantes y desafiantes de sus vidas.

Ante esto, se ha acuñado el constructo paradoja de la parentalidad,  para referirse a las tendencias opuestas en la experiencia de ser padre o madre que trae consigo tanto aspectos positivos – como felicidad, satisfacción con la vida, autorrealización, propósito en la vida, entre otros- como así también aspectos negativos  – como estrés, ansiedad, costos económicos, entre otros- para su vida (Erez y Shenkman, 2016; Louie, Cromer y Berry, 2017).

En el escenario actual, atravesado por la crisis sanitaria del COVID-19, la cual ha repercutido en distintos ámbitos de la sociedad tanto a nivel mundial como nacional, las familias, y la parentalidad en particular, no ha estado exenta de estas transformaciones y hoy más que nunca, resuena con fuerza la idea que ser padre/madre es una tarea difícil.

Vemos así que los/as padres/madres junto con preocuparse por adoptar nuevas medidas, para resguardar el bienestar y seguridad  de sus hijos/as con el fin de evitar el contagio, tienen que enfrentar nuevos desafíos por el cambio de las rutinas y/o nuevas situaciones familiares, tales como: el teletrabajo que implica la coexistencia de las demandas del  trabajo y de la familia en un mismo espacio, la cesantía que ha intensificado la tensión financiera en algunos hogares, el acompañamiento en actividades educativas dada las suspensión de clases presenciales y el desarrollo de clases en modalidad online, la disminución de las redes de apoyo aparejado a la condición de confinamiento y distanciamiento social, la incertidumbre y la preocupación ante el futuro, entre otros.

Esto nos hace hipotetizar, que la balanza se podría estar inclinando hacia los aspectos negativos asociados a la parentalidad, con los consiguientes costos que traería consigo para el bienestar y la salud mental de los/as padres/ madres.

Ante esta situación, diversos organismos nacionales e internacionales han generado distintas orientaciones y/o recomendaciones con fin de apoyar a los padres/madres a transitar en estos tiempos de crisis, entre éstas se destacan: el establecimiento de nuevos acuerdos y rutinas familiares, la identificación de redes de apoyo tanto formales (servicios públicos, municipios, entre otros) como informales (familiares, amigos, organizaciones comunitarias, etc. ), la confianza en la capacidad de criar, cuidar y adaptarse a los cambios, la organización de la manera más real  posible de los tiempos destinados al trabajo y al estar con los/as hijos/as,  la distribución equitativa de las actividades de cuidado de los/s hijos/as y las labores domésticas entre padre y madre en las familias que cuentan con ambas figuras, el destinar espacios de autocuidado y relajación y finalmente, pedir ayuda en el caso de sentir que lo necesita.