Nuestra sociedad está viviendo transformaciones profundas, los distintos grupos etarios estamos en una búsqueda constante de equilibrio y en una coexistencia difícil, gran cantidad de cambios se han suscitado de manera rápida durante los últimos 100 años para los niños y niñas, jóvenes, adultos mayores y las mujeres, no sólo en Chile sino también nivel mundial.

La incorporación de la mujer al mercado laboral ha sido uno de los fenómenos que más ha permeado y remecido a la estructura social básica, la familia, generando transformaciones sociales y económicas.

Las características propias de nuestro género aportan de manera significativa a la construcción de una sociedad más integral, que para el contexto laboral son elementos fundamentales que permiten la consecución de metas compartidas, pero aún existen desafíos: trabajar en la corresponsabilidad en el hogar, reconocimiento de mayores derechos que nos permitan la igualdad de oportunidades, mejorar la oferta de espacios de cuidado para los hijos con obligaciones compartidas con los padres, entre otros necesarios para lograr un equilibrio y menor desgaste, sobretodo porque todavía existen personas y espacios laborales que dudan de nuestra competencia.

Muchas veces, nos tachan de feministas usando el término como un elemento peyorativo y negativo, sin embargo, el feminismo se sustenta en la igualdad de derechos desde una perspectiva de la dignidad, buscamos que nos reconozcan como personas con las mismas condiciones, y que cualquier acción de violencia en nuestra contra por el hecho de ser mujeres, se detenga.

Hemos avanzado, pero probablemente en las próximas generaciones podremos ver con mayor claridad esta necesaria mirada de respeto y tolerancia de las diferencias.

En el área de las Ciencias Sociales somos muchas mujeres trabajadoras (aún existe el prejuicio de que es un área para mujeres), y en la relación con nuestros colegas, quizá por la disciplina o valores, no existe discriminación.

En nuestra relación con otras áreas, en que principalmente se desempeñan hombres, han aprendido a comprender nuestra mirada social desde el respeto a la persona humana y valoran nuestro aporte como mujeres trabajadoras.

No obstante, sigue siendo un anhelo que en el futuro exista un mayor equilibrio de género en nuestro espacio laboral, no porque que las mujeres seamos mejores, sino porque nuestras diferencias constituyen una fortaleza para las organizaciones. Cada ser humano tiene capacidades ilimitadas para adaptarse, desarrollar talentos y aportar al desarrollo humano, sin embargo, el contexto social, económico, espiritual y afectivo lo determinan, sueño que para nosotras no existan barreras.