En el último tiempo, la salud mental de la población general y ciertos grupos vulnerables se ha visto afectada por parte de la crisis sanitaria. La pandemia ocasionada por el COVID-19, tiene como una de sus consecuencias haber aumentado el estrés y la ansiedad a niveles superiores, donde los síntomas de depresión en Chile llegan al 46,7% y más del 50% posee algún grado de insomnio por diversos indicadores en su salud mental (Termómetro de la Salud Mental en Chile, ACHS-UC).

Sin embargo, este nuevo escenario ha permitido poner en discusión las políticas públicas sobre el autocuidado y la salud mental. Desde el Departamento de Salud Mental y Abuso de Sustancias de la OMS, se reconoce que el número de ciudadanos expuestos a factores de estrés extremo ha ido en aumento, además de constituir un factor de riesgo en cuanto al desarrollo de los problemas sociales y procesos socio cognitivos. Esto, propicia un cambio exponencial sobre la percepción psicosocial a partir de la repercusión negativa de la pandemia. Hacer yoga, meditaciones guiadas, cuencos tibetanos, sesiones de reiki o tomar flores de Bach, ya no es un escenario mal visto pagano, sino signo de amor propio y autocuidado para manejar nuestra salud mental.

De allí, es que tal debate ha permitido gestar una aceptación absolutamente distinta sobre el cuidado de la salud mental y las Terapias Complementarias. Inclusive desde entidades de salud tradicionales, tales como el Ministerio de Salud, Clínicas, CESFAM y Hospitales Públicos, donde las personas solicitan por ellas mismas a sus médicos poder acceder a terapias complementarias para compatibilizar o acompañar un tratamiento.

Resulta imprescindible desarrollar espacios de reflexión acerca de los antecedentes socioeconómicos y políticos durante la pandemia que, indudablemente, se relacionan con el deterioro de la salud mental en nuestra población. En ese sentido, es que como sociedad hemos sido capaces de aprender positivamente entre tanto caos. La visibilización de la salud mental, junto a un seguimiento responsable que complemente con terapias, es un aspecto indispensable para trabajar y mantener el equilibrio emocional sostenido a través del tiempo en las personas.

Y es que antes existía mucho misticismo sobre las Terapias Complementarias. Un supuesto relativo a la fe y prácticamente creer en un ser superior para que las terapias surtieran efecto. A través del tiempo, la población se ha dado cuenta que esta no es una terapia de fe, sino una que nos entrega la naturaleza y sus energías. Entonces, no se trata de rendir tributo o agradecimiento a alguna entidad física/espiritual para lograr respuestas. Ya que este es un proceso en que las personas quieren y pueden practicarla, observando evidencia objetivable ya sea por parte de experiencias propias o estudios de investigación realizados, donde hemos podido avanzar a tal punto de comprender su valor y posición tanto en la vida cotidiana como áreas profesionales de salud.

Como Santo Tomás, hemos podido masificar la información necesaria, donde uno de los perfiles más importantes es la educación que se brinda al paciente, además de modernizar la profesionalización de las terapias complementarias en el área de la salud, tal como la OMS indica, en las carreras de Técnico en Enfermería mención Terapias Complementarias. Cuando utilizamos una terapia complementaria de forma correcta en un paciente, es porque éste también puso de su parte para mejorar, sanar, y rehabilitarse mediante su propio autoconocimiento. El cómo canalizamos nuestras emociones, nos perdonamos, aprendemos de los errores y crecemos. Por tanto, las terapias complementarias en la salud mental no son un tema de fe, sino de propio autotratamiento y autocuidado, ejes claves en la actualidad para una mejor comprensión de nosotros mismos y la sociedad.