La palabra en disputa: ¿Crisis de vocabulario o mutación cultural?

La coyuntura política en Chile ha dejado de manifiesto en los últimos días uno de los grandes desafíos que enfrentan las nuevas generaciones: el valor de la palabra en el espacio público. En tiempos donde la inmediatez domina la conversación y las redes sociales reducen el pensamiento a frases breves o respuestas impulsivas, surge una pregunta necesaria: ¿estamos perdiendo vocabulario y, con ello, también nuestra capacidad crítica?

La pobreza léxica no es simplemente un problema académico; es una señal cultural. Cuando una persona dispone de menos palabras para nombrar lo que siente, piensa o cuestiona, también disminuyen sus herramientas para comprender la complejidad del mundo. Sin embargo, lo que para algunos resuena como un diagnóstico apocalíptico, desde la academia se observa como un fenómeno propio de la naturaleza viva del lenguaje.

Steffanie Kloss, académica e investigadora de la Universidad Andrés Bello, sostiene en su columna “¿Habla mal la Generación Z? que no asistimos a un deterioro, sino a una reconfiguración de la identidad lingüística. Este «sociolecto» se caracteriza por una marcada economía expresiva: abreviaciones y frases incompletas que solo cobran sentido en un contexto compartido. En este marco, incluso el silencio —el «visto» sin respuesta— produce sentido, generando tensión o rechazo. El lenguaje no desaparece; se expande hacia nuevas materialidades discursivas donde el emoji o el gif articulan significados que antes eran exclusivos del texto.

El inconveniente surge cuando esta forma de lenguaje, diseñada para la fluidez del entorno digital, se extrapola a entornos formales o de deliberación política. Al hacerlo, se pierde capacidad comunicativa y el emisor se encuentra con pocas herramientas para transmitir mensajes de fondo, transformando el debate público en una serie de eslóganes vacíos.

Frente a este escenario de supuesta precariedad, surge un contrapunto necesario: ¿La falta de vocabulario responde a nuestra sociedad chilena? La respuesta a esta interrogante podría estar en «Léxico básico de Chile», una investigación única en Sudamérica liderada por la Dra. Natalia Castillo Fadić. Este estudio arroja un dato revelador: el número de vocablos mayormente utilizados por los chilenos alcanza las 4.831 palabras, una cifra que desmiente el prejuicio de los «400 términos» que suele adjudicarse al hablante promedio en nuestro país.

Si bien las palabras más frecuentes son estructuras fundamentales como artículos y preposiciones, el estudio demuestra que poseemos el inventario necesario para habitar el lenguaje con rigor. Palabras como vida, tiempo, forma, país o mundo lideran nuestro uso cotidiano, recordándonos que los recursos están disponibles.

La crisis de la coyuntura actual no radica, por tanto, en una falta de léxico, sino en la dificultad de trasladar esa riqueza al debate democrático. El desafío para las nuevas generaciones —y para la clase política— no es solo evitar el «deterioro» del idioma, sino recuperar la voluntad de usar la palabra como un puente y no como un muro de silencios o hibridaciones digitales.

Fuente:

https://www.ex-ante.cl/habla-mal-la-generacion-z-lenguaje-redes-sociales-e-identidad-por-steffanie-kloss/

https://www.uai.cl/columnas/artesliberales/usamos-400-palabras-para-comunicarnos