Los cambios vinculados a las demandas sociales han generado problemas en el transporte público, afectando los desplazamientos de miles de personas desde su hogar al lugar de trabajo o estudio. En esta línea, el uso de la bicicleta ha sido un elemento protagónico durante los últimos días, considerando el acontecer nacional y la crisis social.

Resulta interesante observar una mayor utilización de este medio de transporte, llegando a duplicar el número de ciclistas, de acuerdo a un trabajo de investigación publicado esta semana.

Las circunstancias motivaron a los usuarios del transporte público a buscar otras formas para movilizarse, encontrando en la bicicleta un medio más eficiente y, por lo demás, más económico y beneficioso para su salud.

Si bien, la bicicleta es el medio de transporte más sostenible para combatir la congestión, el consumo de recursos no renovables y la contaminación ambiental, también es un tremendo aporte en salud para una sociedad cada vez más sedentaria y con altos índices de obesidad, según datos de la OCDE, entre el 2016 y 2017, que muestran que el 74% de la población adulta sufre sobrepeso u obesidad. Eso sitúa a Chile en el país de la OCDE con más alta tasa de obesidad y sobrepeso, por encima de México (72,5%) y EEUU (71%).

En una sociedad cada vez más digitalizada y menos activa físicamente, la bicicleta toma un rol fundamental para combatir el sedentarismo, ayudando a disminuir el riesgo de enfermedad cardiovascular, según la Encuesta Nacional de Salud (2017), donde el 25,5% de la población está en la categoría de riesgo cardiovascular alto.

Quizás podemos aprovechar este impulso, generado por la actual crisis social, y darle la importancia que se merece al uso de la bicicleta en nuestra sociedad, con políticas públicas que incentiven, aún más, a las personas usar este medio de transporte, previniendo enfermedades asociadas y mejorando su calidad de vida, tanto física como mental.