En muchas ocasiones hemos visto que los términos “cambio e innovación” se usan como iguales y aparecen como intercambiables. Veamos algunas apreciaciones de ambos conceptos para entenderlos mejor: La innovación es un tipo de cambio determinado; el cambio no es necesariamente innovación y en un extremo opuesto, no necesariamente una buena innovación tiene asociado cambios positivos en el medio donde se ha desarrollado.

Con estas tres ideas, podemos entender que, aunque se parecen, estos términos no son iguales y aun así podemos sacar lo mejor de ambos cuando hablamos de cambio e innovación en educación, y especialmente en educación superior, toda vez que es una institución que ha querido romper con el dilema que históricamente ha enfrentado, la tradición y el cambio.

Según Rivas (2000), define la innovación educativa como la acción consistente en el proceso de incorporación de algo nuevo en el sistema de la institución educativa, cuyo resultado es la modificación de su estructura y operaciones para mejorar el logro de sus objetivos.

Sacar lo mejor del cambio y lo mejor de la innovación implica pensar en un cambio transformacional y en una innovación transformadora, para que se de esta relación perfecta, el cambio debe afectar a toda la institución y además debe presumir que será un cambio significativo; este cambio debe ser profundo, extenso y muy importante, intencional y que ocurre a través del tiempo, Kazar (2003).

Dicho lo anterior, podemos decir que cualquier innovación o cambio que implementa una universidad, no puede necesariamente considerarse como cambio transformacional, esto porque una innovación puede ser concreta y con cambios importantes en un área específica, pero que no modifica a la institución como tal.

También es importante entender que el cambio transformacional es distinto al cambio estratégico, pues este último, no necesariamente supone un cambio de cultura o impacto y extensión en la institución. A pesar de su diferencia, ambos dan respuesta a las demandas del contexto donde están insertas.

Con un piso común para hablar de innovación y cambio y tomando algunos estudios que se han realizado en universidades españolas, los resultados dicen que las universidades consideran que la innovación es muy necesaria, pero la percepción de la universidad como organización innovadora sigue muy por debajo de otras instituciones dedicadas a otras industrias.

¿Cuáles han sido las motivaciones para que las universidades incorporen el cambio y la innovación en sus procesos académicos y de gestión? Primero, acercarse a lo que la sociedad demanda de ellas; a promover la convergencia con la comunidad, a ampliar su campo de acción y a la necesidad de hacerse más competitiva, entre muchas otras razones.

Las áreas universitarias que aparecen como más innovadoras se relacionan con las nuevas tecnologías, los procesos de I+D+I, los procesos de enseñanza y aprendizaje, los servicios de apoyo a la enseñanza y las que se relacionan con las necesidades del entorno.