Las casas de estudios superiores en su quehacer diario tienen muy claro el trabajo que están realizando en la zona, formando a través de la entrega de conocimientos, competencias y actitudes a un importante número de jóvenes, para que a futuro tengan las herramientas necesarias para ingresar al mundo laboral que ofrece la región de Los Lagos y el país.

Esta es una tarea que se ve retribuida con gran satisfacción, cuando al finalizar un período de estudio nos acercamos a las familias y comprobamos que sus hijos, nietos o sobrinos son la primera generación de estudiantes que egresan de educación superior, rompiéndose una barrera que hasta hace poco tiempo parecía difícil de lograr.

Más allá del sentimiento de estar cumpliendo el rol fundamental de educar y preparar técnicos y profesionales, las diferentes instituciones de educación superior: Universidades, Institutos Profesionales y Centros de Formación Técnica, no solo coinciden en un trabajo formativo sino también procuran una movilidad social que impacte en nuestros estudiantes, sus familias de origen y las que ellos formen, mejorando las condiciones de desarrollo y por ende su calidad de vida.

Este trabajo no queda solamente ahí, hoy las instituciones de educación superior, como Santo Tomás, están empeñadas en seguir generando oportunidades en apoyo a las políticas de inclusión, mejorando sus procesos administrativos y académicos; lo que permite el ingreso a las aulas de personas en situación de discapacidad, colaborando con el sueño de muchos jóvenes que quieren desarrollarse profesionalmente para alcanzar sus metas y desarrollar sus talentos.

No obstante, es primordial que este trabajo no sea sólo de unos pocos, sino más bien de muchos: académicos, administrativos, y estudiantes, de tal forma de transformar las buenas intenciones en desafíos y actitud permanente de apoyo, involucrándose en los procesos formativos y acompañándolos en el desarrollo de estos. De esta forma procuraremos que en el futuro todos estemos educados en materia de inclusión y tengamos un comportamiento profesional y personal que contribuya a la participación de las personas en situación de discapacidad en todos los ámbitos.

Todo este accionar va en directa sintonía con las políticas de Estado sobre la Ley N° 21.015 que “incentiva la inclusión de personas con discapacidad al mundo laboral” denominada comúnmente en la prensa como “Ley de Inclusión Laboral”. Esta ley indica que a partir del 2018 las empresas de más de 100 trabajadores tendrán la obligación de incorporar entre sus funcionarios un 1% de personas en situación de discapacidad lo que nos llama a seguir trabajando por esta misma senda y ser parte comprometida para que estas personas estén técnica y profesionalmente capacitadas para realizar su trabajo con calidad y eficiencia.