Enfermería en Chile: La urgencia de publicar conocimiento propio

Durante décadas, la enfermería ha sido reconocida por su compromiso con el cuidado, su vocación de servicio y su cercanía permanente con las personas, acompañándolas desde el nacimiento hasta el final de la vida, especialmente en los momentos de mayor vulnerabilidad. Sin embargo, estas cualidades, aunque esenciales para la identidad profesional, no son suficientes para sostener el desarrollo de una disciplina que aspira a ejercer liderazgo y ocupar un lugar protagónico dentro de las ciencias de la salud.

Precisamente por ello, la enfermería enfrenta un desafío urgente que no puede seguir postergándose: fortalecer y expandir su propio cuerpo de conocimiento. Una disciplina no se consolida únicamente por la nobleza de su propósito, sino también por la solidez de la evidencia que produce. Incrementar la producción científica en enfermería no constituye un objetivo accesorio, sino una necesidad estratégica para fortalecer su autonomía, sustentar sus decisiones profesionales y posicionar el conocimiento disciplinar como fundamento de la práctica, la docencia, la gestión y la investigación.

En la práctica cotidiana, las acciones de enfermería se sustentan en la evidencia científica disponible. Sin embargo, una parte importante de ese conocimiento proviene de disciplinas como la medicina, la psicología, la sociología y otras áreas que han contribuido a la comprensión de la salud. Aunque este aporte resulta invaluable, es necesario reconocer que existen dimensiones de la experiencia humana, del cuidado y de la relación terapéutica que solo la enfermería puede observar desde su propia perspectiva disciplinar. Renunciar a generar conocimiento sobre estos fenómenos implica delegar a otros la interpretación de aspectos esenciales de aquello que constituye el núcleo mismo de la profesión: el cuidado.

Por lo mismo, el proceso de investigar y publicar no debe entenderse como una actividad exclusiva del mundo académico ni como una tarea reservada para quienes desarrollan una carrera universitaria. La producción científica debe asumirse como una responsabilidad inherente al ejercicio profesional, orientada al fortalecimiento de la disciplina desde la evidencia y no únicamente desde la tradición, la experiencia individual o el habitual “siempre lo hemos hecho así”. Cada experiencia de cuidado, proyecto de mejora, innovación clínica o intervención desarrollada en hospitales, centros de atención primaria y otros espacios de salud constituye una oportunidad para generar conocimiento.

Miles de experiencias valiosas permanecen confinadas a informes internos, presentaciones en congresos o trabajos de titulación que nunca llegan a difundirse más allá de la defensa de tesis. Esta realidad debe cambiar, porque una disciplina madura no solo cuida; también reflexiona críticamente sobre su práctica, genera evidencia y comparte sus hallazgos con la comunidad científica. La vocación de servicio es indispensable, pero por sí sola no basta para sostener el desarrollo de una disciplina. Debe apoyarse en la investigación, la innovación y la construcción sistemática de conocimiento, entendiendo que el avance de la disciplina depende de la práctica y de la capacidad de transformar esa experiencia en conocimiento.

La tarea es clara. La pregunta no es si la enfermería necesita producir más conocimiento, sino si estamos dispuestos a asumir esa responsabilidad como parte de nuestro rol profesional. Cada artículo publicado, cada experiencia compartida y cada hallazgo difundido contribuyen a construir la enfermería que las futuras generaciones heredarán. Si queremos una disciplina más sólida, más influyente y capaz de responder a los complejos desafíos de la salud contemporánea, debemos comprender que el conocimiento no es el resultado de unos pocos, sino una construcción colectiva de toda la profesión.