Listo, la presidenta del Senado Yasna Provoste, luego de abrirse paso en las encuestas, anunció su candidatura a La Moneda, que por lo pronto no debiera sorprender porque desde hace bastante tiempo venía con un tono electoral.

Sin embargo, el momento político no le juega a favor ante la pregunta dónde buscará los votos, ya que queda atrapada entre Sebastián Sichel y Gabriel Boric. Hubiese sido muy diferente con el triunfo de Daniel Jadue, porque en ese escenario podría haber arrastrado los votos de centro y con una representación más clara en el mundo progresista.

¿Pero, esta candidatura a quién le afecta más directamente? A los cinco de su sector, si va de nuevo Marco Enríquez-Ominami, si se mantiene Paula Narváez y se proclama Carlos Maldonado y, por cierto, a Gabriel Boric, con quien Provoste tiene una visión compartida de la izquierda. Para estos significará una amenaza, pues se esparcirán los votos y la derecha ya no será el enemigo electoral, sino el foco de impacto estará entre ellos mismos, sobre todo cuando debatan por la representación del nuevo Chile y, por supuesto, la nueva política.

En este contexto, Provoste tendrá la complejidad de instalarse como independiente, pero rodeada de partidos y, en esta condición, construir acuerdos y mayorías; este será el gran desafío para fortalecer la opción de la centro izquierda, de lo contrario, si sus guiños y símbolos producen contra comunicación quedará cuesta arriba la presidencial y nuevamente entrará Boric a escena.

Junto a este reto, tiene otro, convencer al electorado, ya que habló de una candidatura ciudadana, pero no fue elegida por ningún mecanismo participativo, además tendrá que hacerse cargo que su partido no solo desconoció la propia primaria interna que realizaron en enero pasado, sino que también apartaron completamente la incursión presidencial de la senadora Ximena Rincón.

Lo mejor para que las evaluaciones positivas pasen a intenciones de votos serán los debates públicos entre Narváez, Maldonado y el candidato del Pro, porque al parecer una primaria no cuaja para la candidatura única.

Mientras este nudo no se desate la espera está en ver qué primará, si los intereses personales o los destinos colectivos y eso lo notaremos muy pronto cuando se fijen las listas parlamentarias, en cómo se presentarán y qué comunicarán.