Los cambios en el estilo de vida de la población chilena asociados a la industrialización y la tecnología forman parte de la transición epidemiológica que vive el país. En este sentido, los largos desplazamientos del hogar al trabajo (o estudio), se realizan mayoritariamente en automóvil y transporte público como consecuencia de la alta urbanización.

Sin embargo, la toma de decisiones de algunas autoridades se ha centrado, hasta el momento, en la creación de ciclovías y su conectividad, intentando fomentar el mayor uso de la bicicleta como medio de transporte por sobre el automóvil.

Pero pareciera ser que necesitamos acciones más potentes. Faltan programas y políticas públicas que impacten realmente en la calidad de vida de las personas. El uso de la bicicleta podría ser un elemento protagónico en nuestro quehacer diario, si realmente conociéramos que el impacto de la práctica del ciclismo repercute positivamente en la salud.

¿No me cree? Controlaría el balance energético, ayudando al control del peso corporal; disminuiría niveles de colesterol; mejoraría función cardiovascular, viéndose reflejado en mayor tolerancia al esfuerzo físico; o disminuiría dolencias osteomusculares (European Journal of Public Health), entre muchos otros beneficios.

Si realmente conociéramos el positivo efecto que genera movilizarse en bicicleta, más personas se sumarían a transportarse hacia el trabajo, colegio, universidad, para disfrutar de los beneficios de esta excelente herramienta que está al alcance de todos. No por nada, Suiza acaba de aprobar un referéndum para fomentar el uso de la bicicleta en su Constitución. Podríamos seguir su ejemplo.