Cuando una enfermedad afecta la salud de una persona, dejándola con algún grado de dependencia, se hace necesario contar con un cuidador.

Cuando la situación económica lo permite, esta persona será externa, capacitada y percibirá un sueldo, sin embargo, en la mayoría de los casos, es un familiar quien asume éste y muchos otros roles.

El cuidador pasa a ser enfermero, psicólogo, educador, padre o madre del paciente, es decir, que adopta muchos roles que no necesariamente le competen. El problema es que esta multiplicidad de roles se puede manifestar como cansancio bio-psico-social.

De forma biológica, el cuidador puede presentar agotamiento físico permanente, porque él es el responsable de la movilización y traslados del paciente; desde posicionarlo en la cama correctamente, o pasarlo a la silla de ruedas -si corresponde-, hasta movilizarlo y acompañarlo a controles médicos o terapia.

En el aspecto psicológico, el cuidador se ve enfrentado a una sobrecarga emocional altísima, porque la persona en situación de dependencia puede tener fluctuaciones en su estado anímico; probablemente no estará contento con su situación dependiente, puede tener poca tolerancia a la frustración, puede transformarse en una persona oposicionista, negativista y todo esto es una sobrecarga para el cuidador, ya que debe manejar estos estados emocionales fluctuantes.

En el campo social, el cuidador verá su vida alterada, ya que no siempre contará con la libertad de programar sus tiempos y tareas, ya que por lo general, el cuidador orbita alrededor del paciente y eso genera una sobrecarga importante.

Cómo cuidar al cuidador

Cuando es un familiar el que asume el rol de cuidador, lo ideal es que haya asumido esta responsabilidad de manera voluntaria y sabiendo lo que implica.

Contar con un relevo es muy importante, ya que esta persona -que orbita alrededor del paciente- también tiene necesidades, trámites y tareas que cumplir, por lo que compartiendo esta responsabilidad su vida cotidiana no se vería tan alterada.

Otro factor importante en el cuidado del cuidador, es la educación. La persona debe recibir educación emocional, pero también física, sobre cómo tomar, movilizar y trasladar al paciente sin sufrir desgarros ni lesiones.

Ojalá la población cuidadora tuviera la oportunidad de experimentar terapias complementarias, masoterapia o respiración consciente, para aprender a calmar el ser, auto-calmarse y auto-cuidarse.

Finalmente, es importante destacar que existen organizaciones, fundaciones y grupos donde la familia del paciente puede encontrar apoyo. Las redes de apoyo son muy importantes para que el cuidador no se descuide.