Como parte del proceso de elecciones primarias que vive nuestro país, se ha podido observar en entrevistas, debates y foros, cómo cada candidato es capaz de plantearse en los diversos temas que requiere conocer.

Para gran parte de la ciudadanía – y así se ha expresado en diversos medios y plataformas como redes sociales – uno de los candidatos no reúne el conocimiento requerido, y que aun cuando posea otras cualidades como su propia voluntad, simplemente no posee las destrezas suficientes en temas de relevancia nacional. Otro postulante a la presidencia, por ejemplo, realiza afirmaciones impulsivas y poco reflexivas que resultan incluso de talla humorística. Quien sabe incluso su actuar en acciones pasadas podrían ser cuestionables bajo el punto de vista ético. Otros candidatos, realizan promesas y proposiciones inviables técnicamente pero ‘simpaticonas’ y atractivas para un electorado menos informado. Efectivamente estos plantean soluciones – peligrosamente lógicas en la amplia mirada – a muchos problemas reales, pero ilusionan falsamente a futuros frustrados.

Esta situación hace preguntarnos si los candidatos poseen realmente las competencias que se requieren para el cargo al cual postulan. Esto podría deducirse a través de debates y entrevistas, pero no siempre tenemos acceso a conocer con tal profundidad a los candidatos a cualquier puesto del Congreso o de las municipalidades, por lo que generalmente el electorado vota influido y en función de la publicidad, el merchandising, algún pegajoso eslogan, globos y avisos en vía pública, o la cercanía con el postulante en sus visitas a juntas de vecinos y otros eventos de barrio.

Efectivamente podríamos apreciar que existen políticos que conocen los problemas de la ciudadanía, recorren las calles, saludan, son afectuosos y cercanos, abrigan con sus palabras, pero nadie nos puede asegurar que ellos tengan la capacidad para el cargo que desempeñan o quieren ejercer. Podrán empatizar, ayudar y apoyar, pero no necesariamente gobernar.

Por lo mismo, hace sentido que los candidatos participen en debates, que la ciudadanía tenga acceso a ellos, pero desde una profundidad que hoy la política no necesariamente está permitiendo. De hecho, algunos candidatos o partidos políticos se restaron de estas primarias. Tiendo a pensar que los partidos optan por presentar candidatos más bien populares y fácilmente queribles por determinados segmentos de la población y no optan por líderes con visión de futuro y de Estado. Quién sabe si el mercado ha llegado a la política y la sociedad de consumo ha absorbido incluso al sistema democrático.

Fortalecer la democracia implicará, y creo escribir ninguna novedad, fortalecer la educación, toda vez que mientras más educamos, mejora no sólo las competencias de los candidatos, sino de quién los vota, ciudadanos que finalmente se deben hacer responsable por quienes eligen.