Capitaloceno: un concepto emergente en salud publica frente a la actual crisis socio ecológica

La aceleración del cambio climático y el aumento de las desigualdades sociales en los territorios dominados por la agroindustria, la megaminería, proyectos viales y portuarios exigen revisar críticamente los marcos conceptuales que se utilizan en salud pública. En este escenario, se estima que el concepto de capitaloceno, planteado por Jason W. Moore,1 ofrece una herramienta analítica útil. Este término plantea que la actual era de reconfiguración de las dinámicas ecológicas del planeta, no se explica por una supuesta responsabilidad homogénea de la humanidad, como sugiere el antropoceno, sino por un modo de producción especifico: el capitalismo y su arquitectura de poder. Desde esta perspectiva, las crisis ecológicas y sociales, con sus respectivas consecuencias en la salud, serian expresión de un sistema económico que opera sobre la base de la extracción intensiva de recursos, la precarización de la vida y la mercantilización de la naturaleza. Como quedo ampliamente demostrado durante la pandemia de Covid-19, entendida por algunos autores como la primera gran pandemia del Capitaloceno.2,3

En salud pública, este concepto se ha desarrollado de forma indirecta a través de nociones como “sindemia” o enfoques eco-sociales.3,4 Este uso marginal del concepto es llamativo, dado que la salud publica trabaja precisamente sobre los determinantes afectados por el capitaloceno: desigualdades estructurales, relaciones de poder, procesos extractivistas y producción social de vulnerabilidad. Por ello, es importante incorporar esta perspectiva en investigación, porque ofrece un marco para comprender cómo la acumulación de capital moldea las condiciones de vida y, por tanto, los patrones de enfermedad que escapan a los análisis puramente biomédicos o ambientales. En la ciudad de Andacollo, Chile, una zona históricamente minera, el 78% de la contaminación por material particulado (MP10) es producido directamente por las empresas mineras. Aunque la normativa chilena para el PM10 se cumple generalmente, su límite máximo de 150 µg/m³ es lo suficientemente elevada como para asociarse a un incremento cercano al 5% en la mortalidad a corto plazo.5,6

En conclusión, incorporar el concepto de capitaloceno ofrecerá un camino para trascender la visión dualista de la salud y la enfermedad. En esta línea se invita a la comunidad académica a ampliar el debate sobre el Capitaloceno en salud pública, reconociendo la urgencia de integrar este campo conceptual emergente para desarrollar estrategias de cambio social hacia un modo de producción y lógicas que prioricen la preservación de la vida y minimicen el impacto negativo en la salud, en lugar del capital.

Referencias bibliográficas

  1. Moore JW. The Capitalocene, Part I: on the nature and origins of our ecological crisis. J Peasant Stud. 2017. doi:10.1080/03066150.2016.1235036
  2. Arons W. We Should Be Talking about the Capitalocene. TDR. 2023;67(1).
  3. Marques C, Sandoval Vázquez FR, Weil Afonso H. Ecología humana y cambio civilizatorio: reflexiones sobre el derecho a vida. Rev Dir Cid. 2024;16(3):1-20.
  4. Bertuzzi N, Lagalisse E, Lello E, Gobo G, Sena B. Politics During and After Covid-19: Science, Health and Social Protest. Partecipazione e Conflitto. 2022;15(3):507-529.
  5. Organización Mundial de la Salud. WHO Ambient Air Quality Database. Ginebra: Organización Mundial de la Salud; 2016. Accessed November 26, 2025. https://www.who.int/data/gho/data/themes/air-pollution/who-air-quality-database
  6. Pouchucq Marinkovic L. Informe de análisis de la evolución de los datos de material particulado PM10 registrados por estaciones de monitoreo de la ciudad de Andacollo en el marco del Plan de Descontaminación (PDA). Santiago de Chile: Universidad Tecnológica Metropolitana; 2019.