Los profundos cambios del estilo de vida de la población chilena, asociados a la industrialización y la alta urbanización, han desencadenado en un aumento progresivo de la obesidad, que forma parte de la transición epidemiológica que vive el país.

Preocupante son los datos entregados por la revista científica lancet, donde destaca: los hombres subieron 9,4 kg y mujeres 8,5 kg en los últimos 40 años en Chile.

Dentro de las estrategias de intervención para el manejo de esta enfermedad, se encuentra el control de los hábitos alimentarios y el ejercicio físico. En esta línea, la toma de decisiones por parte de las autoridades se ha centrado en aspectos alimentarios (nuevo etiquetado de alimentos, cambio en los alimentos en kioscos escolares y regulación de publicidad de alimentos), aislando al ejercicio físico.

Pareciera ser que necesitamos políticas públicas que integren una intervención multidisciplinaria, combinando la actividad física y el control nutricional, pero no intervenciones apartadas.

Faltan programas y políticas públicas que impacten realmente en la condición física de las personas, incorporando aspectos nutricionales y, sobre todo, ejercicio físico controlado.

Sin embargo, la alta urbanización y los largos trayectos de movilización contribuyen a tener menos espacio y tiempo para la práctica de ejercicio físico, lo que, sumado a la amplia oferta de comida rápida, dificultan el control del balance energético.

Se muestra, entonces, un importante desafío, orientado a movilizar masas para promover hábitos saludables que perduren en el tiempo e impacten en la salud de las personas. Esta tarea va a requerir de nuestro compromiso, desde el área profesional que ejerzamos, para aportar y avanzar como sociedad.