Las nutricionistas Rebeca Carrasco y Nicole Lasserre expusieron sobre lactancia materna y su relación con la afectividad y las preferencias alimentarias de la infancia en el webinar “Proteger la infancia materna: una responsabilidad compartida”.

El miércoles 4 de agosto se llevó a cabo el seminario virtual “Proteger la lactancia materna: una responsabilidad compartida”, organizado por la Escuela de Nutrición y Dietética de la Universidad Santo Tomás en el marco de la Semana Mundial de la Lactancia Materna 2021.

El título escogido para el seminario corresponde al tema seleccionado por la Alianza Mundial para la Acción sobre Lactancia Materna como campaña de las actividades de este año: Proteger la lactancia materna: una responsabilidad compartida busca relevar los vínculos entre la lactancia materna y la supervivencia, la salud y el bienestar de las mujeres, los niños y las naciones.

Bajo este lema se considera que el embarazo y la lactancia son un momento especialmente vulnerable para las mujeres y sus familias, quienes precisan que las sociedades otorguen facilidades, apoyo y protección a la lactancia materna como un elemento de salud pública”, señaló Cecilia Sepúlveda, directora de carrera de Nutrición y Dietética sede Los Ángeles, al inaugurar el seminario.

Jenny Arteaga, directora nacional Escuela de Nutrición y Dietética, en tanto, entregó algunas cifras que dan cuenta de la importancia de proteger y garantizar la lactancia materna: “Sabemos que la lactancia materna prolongada reduce el riesgo de sobrepeso y obesidad en un 13% y disminuye el riesgo de diabetes tipo 2 en la niñez en un 35%”, expuso.

Interrupción de la lactancia

La nutricionista Rebeca Carrasco comenzó su exposición revisando las consecuencias que ha tenido la pandemia por Covid-19 en la lactancia materna, principalmente en su interrupción por la separación de las madres y los recién nacidos.

La interrupción o no inicio de la lactancia puede tener consecuencias graves. Las mujeres separadas de recién nacidos necesitan apoyo profesional y oportuno a la lactancia”, expuso la Carrasco.

¿Cómo podemos ayudar los profesionales de la salud para asegurar la continuidad de la lactancia?, se preguntó la nutricionista. A modo de respuesta, expuso sobre dos técnicas utilizadas para reinducir la lactancia materna: la relactación y el masaje infantil.

Relactación y masaje infantil 

La relactación es una técnica de restablecimiento de la producción de leche materna luego de una interrupción del amamantamiento. Según explicó la expositora, la relactación requiere de la motivación y el apoyo que reciba la madre, así como de la estimulación del pezón, que se logra a través de la succión del lactante, la extracción manual o mecánica y el contacto piel con piel.

La mayoría de las mujeres pueden relactar con información y apoyo adecuado de profesionales de la salud. Tenemos que relevar esta técnica y utilizarla especialmente hoy, en días de pandemia”, explicó la nutricionista.

Por otro lado, según expuso la nutricionista, existe evidencia de beneficios digestivos como resultado del masaje infantil: el contacto de la piel liberaría hormonas relacionadas con la absorción de nutrientes, colaborando en un rápido aumento de peso y en la disminución del tiempo de hospitalización de recién nacidos de pretérmino.

Otra evidencia indica que el masaje disminuye los niveles de cortisol causados por el estrés de las terapias y la hospitalización, reduce los síntomas de irritabilidad en lactantes con reflujo y mejora la función inmunológica.

Lactancia materna y desarrollo del gusto

La nutricionista Nicole Lasserre Laso centró su exposición en la relación entre la lactancia materna y el desarrollo del gusto y las preferencias alimentarias en la infancia.

La diversificación de los sabores está asociada a recibir lactancia materna. Los sabores de la dieta materna se transfieren por la lactancia, y podrían impactar en el gusto y las preferencias alimentarias de la infancia, aunque es un fenómeno variable”, expuso Lasserre.

Un estudio realizado con niños y niñas de Inglaterra, Francia, Grecia y Portugal arrojó que una mayor duración de la leche materna se asoció de manera significativa con un aumento en la variedad de vegetales y frutas ingeridos en la dieta de a los dos años de edad, independiente de factores socio-demográficos.

A su vez, no recibir lactancia materna se considera factor de riesgo de ingesta de alimentos no saludables en la infancia: Niños que no recibieron lactancia materna exclusiva demostraron un mayor consumo de bebidas azucaradas a los 6 años.