Técnico Laboratorista Dental: generador de autoestima y confianza

Historia e inicios de una profesión basada en la rehabilitación oral y cómo ésta se torna esencial para en muchos casos, devolver la sonrisa de las personas.

Cada 6 de mayo se celebra el Día del Laboratorista Dental. Fecha que coincide con la formación de la Asociación de Mecánicos Dentales de Chile, y que con el tiempo y avance de los conocimientos, pasó a convertirse en una pieza fundamental para la odontología restaurativa y rehabilitadora.

Al respecto, Ricardo Valenzuela, Jefe de Carrera de Técnico Laboratorista Dental Sede Santiago Centro, explicó que “en los inicios de nuestra profesión, nos desempeñábamos como subordinados del odontólogo, quien nos preparaba en desarrollar los procesos en confección de prótesis dentales. Proceso que carecía de los conocimientos y procesos teóricos actuales, siendo conocidos como mecánicos dentales”.

Posteriormente, en el año 1982, se comenzó a impartir el curso Ayudante de Laboratorio Dental en el Instituto PROPAM que luego adoptó el nombre de Laboratorista  Dental.

En la misma línea, agregó que “el Laboratorista Dental  y  la  Odontología Rehabilitadora  se desarrollan a  pasos agigantados, en cuanto a nuevos tratamientos, tecnologías y materiales, lo que nos obliga como trabajadores de la salud oral a estar en un constante perfeccionamiento”.

“Aprendizaje/enseñanza que no solo nos permiten hacer mejor nuestro trabajo, sino que a la vez, se traduce en un engrandecimiento de la profesión. Todo esto, con el único fin de lograr el bienestar de los pacientes”, enfatizó.

Restaurando confianza

Para Ricardo Valenzuela, la función que realiza un Laboratorista Dental resulta esencial y va más allá de un tema funcional.

“Va en directa atención y beneficio de una persona que merece todo lo mejor de nuestro desempeño laboral, cuyo principal objetivo es rehabilitar personas, devolviéndoles en muchos casos sus sonrisa, la capacidad de comer, hablar  adecuadamente,  su  confianza  y  autoestima,  que en definitiva le permitirán  reinsertarse  socialmente  e  interactuar  con su entorno sin  restarse  de ninguna oportunidad  de ser  felices”, aseveró.

Desde tiempo inmemoriales, el Hombre necesitó restaurar sus piezas dentales perdidas, mediante el uso de otras piezas de humanos, animales, talladas en maderas o incluso marfil, y que según detalló “solo le permitían masticar el alimento, actuando de manera funcional. Con el paso del tiempo se añadió la estética. Para esto se crearon nuevos materiales y técnicas de confección de prótesis dentales”.

“Hoy, nuestro trabajo es ser artistas en cuanto  a la estética sin dejar de lado la funcionalidad, por lo que nunca pasará desapercibido. Ahí está nuestro éxito, ya que somos rehabilitadores orales, concluyó.