Raúl Mera Muñoz, presidente de la Corte de Apelaciones de Valparaíso, dictó una clase magistral en la Inauguración del Año Académico de la Escuela de Derecho de Universidad Santo Tomás Viña del Mar.

Raúl Mera Muñoz dice que siempre quiso ser juez y que mantuvo inalterable esa vocación durante toda su vida universitaria. El presidente de la Corte de Apelaciones de Valparaíso sabe que no todo el mundo piensa igual, pero fue esa experiencia la que quiso compartir en la clase magistral “El juez y su vocación” que ofreció en el marco de la Inauguración del Año Académico de la Escuela de Derecho de Universidad Santo Tomás Viña del Mar.

“Ser juez es una vertiente de la abogacía, sin duda, pero tiene diferencias sustanciales en torno al quehacer y lo que a uno le gusta hacer. Hay personas que han desarrollado tanto el libre ejercicio de la abogacía como la labor de juez a lo largo de sus vidas, mientras otros, como es mi caso, tuvimos siempre el norte de la judicatura. Desde que estudiaba, yo siempre quise ser juez. Para mí, hay un sello especial en la vocación de juez, tiene una diferencia, no digo que sea peor o mejor”, declara.

¿Qué se necesita para ser juez? Según Mera Muñoz, “hay que tener una vocación de resolución de conflictos para ayudar a las personas. Uno no es juez para tener un cargo o para obtener algunos honores, sino por un razonamiento jurídico y lógico puesto al servicio de resolver un conflicto. Además, hay que tener la capacidad, la valentía de tomar una decisión sin miramientos respecto a si esto pude favorecer o no a mi carrera, si puede perjudicar o incomodar a ciertas personas o grupos, sino que hay que decidir lo que sea conforme a Derecho y al mérito del proceso”.

“Entonces, hay que tener la vocación de resolver, la valentía para resolver, y paradojalmente, también hay que tener temor de estar interviniendo tan profundamente en las vidas ajenas y, por lo tanto, el temor a equivocarse o de no ser justos. ¿Cómo conciliar eso? Es una buena pregunta. Nosotros aspiramos a hacer justicia, pero en el marco del Derecho, no podemos saltarnos el Derecho para imponer nuestro particular criterio de justicia porque no somos ni legisladores ni menos dictadores. Son matices que hay que ir viendo”, agrega.

“Vocación de Dios”

El presidente de la Corte de Apelaciones de Valparaíso asume que hay abogados que jamás pensarían en ser jueces. “Una distinguida abogada decía que ella no tenía vocación de Dios, le daba temor resolver conflictos ajenos y prefería defender los intereses de una parte. Es lícito… hay personas a las que sencillamente no les gusta”, señala.

“Otros tenemos esta vocación de resolver conflictos, de meternos a un problema jurídico e idear una solución para resolverlo de la mejor manera del punto de vista de la Justicia y el Derecho”, insiste, aclarando eso sí que esta vocación se puede ir desarrollando con el tiempo, “a medida que uno va descubriendo diferentes áreas del Derecho. Yo partí con esa idea, pero podría haberme desilusionado o encantando con otras cosas, eso pasa mucho en todas las carreras. Pero para construir esta vocación hay que conocer qué se hace, cómo se hace. A veces las escuelas de Derecho se quedan mucho en la parte teórica, de memorización, más que adentrarse en el cómo hacer. Y eso ayuda también a descubrir la vocación”.