La paternidad hoy: entre proveer y cuidar
Dra. María de los Ángeles Oyarzún Farías, Académica Escuela Trabajo Social – UST Concepción
Daniela Núñez Moreno, Trabajadora Social
Ser madre y padre se ha vuelto cada vez más desafiante. Los últimos años han visibilizado las barreras estructurales que las mujeres actualmente poseen tanto para maternar como para desarrollarse personal y profesionalmente en paralelo, por lo que los cuerpos legales y las políticas sociales se han comenzado a actualizar en favor de eso.
¿Pero qué pasa con los hombres padres? Los estudios de género, pero especialmente desde lo que Núñez-Noriega (2015) ha llamado el “subcampo de los estudios de género de hombres y las masculinidades”, han evidenciado transformaciones socioculturales en las paternidades que han tributado en un mayor involucramiento emocional y afectivo en la crianza, sumando mayor tiempo de calidad. Esto ha sido tarea del feminismo como también de la voluntad de algunos hombres a querer involucrarse y luchar contra los mandatos tradicionales de la masculinidad, que postulan que ellos deberían ser exclusivamente proveedores.
Ante las nuevas investigaciones, el valor afectivo en la crianza ha tomado relevancia por ser un elemento trascendental para el desarrollo de los hijos e hijas, sobre todo en su etapa temprana de vida. Sin embargo, ¿el proveer no es también valioso? Battahyány (2015) define el cuidado como la acción de ayudar a un niño, niña o persona dependiente en el desarrollo y bienestar de su vida cotidiana, incluyendo el costo económico y el cuidado psicológico (vínculo afectivo, emotivo, sentimental). En este caso, los hombres padres presentes en el sistema familiar, tradicionalmente han sido el sostén económico y los encargados de asegurar el nivel de vida de las familias por generaciones, llevándose la presión de esa gran responsabilidad. No es menor pensar en la economía familiar y en que todos sus integrantes dependen exclusivamente de su desempeño y cargo laboral, llegando en algunos casos a constituirse en un factor de estrés que deteriora la salud mental: no hay suficiente tiempo para criar, ni para recrearse, menos para el autocuidado.
Con el paso de los años, la búsqueda de la igualdad de género da a conocer que es vital equilibrar los roles en la crianza para el bienestar de padres y madres, que ambos tienen derecho a desarrollarse, ambos a trabajar, ambos a cuidar. Sin embargo, la corresponsabilidad en el cuidado sigue siendo un desafío por alcanzar, persistiendo la división sexual del trabajo, que reconoce a los padres como trabajadores y a las madres como principales cuidadoras de los hijos e hijas, con los consiguientes costos evidentes que trae para las mujeres desde la sobrecarga mental, emocional y física por ser una labor que no tiene horario fijo ni descanso, pero también generando una merma silenciosa para los hombres, ante las dificultades para conciliar las exigencias de su rol de proveedor con un involucramiento activo en el cuidado de sus hijos/as.
Ahora, en el Día del Padre, es valioso abrazar sus esfuerzos, su contribución al desarrollo de la familia y, ante todo, a ser agentes de cambio social y cultural, construyendo un papel más participativo, afectivo y responsable a la hora de criar. Además, se torna crucial hacer visible que la consecución de la corresponsabilidad en el cuidado de los hijos e hijas, así como el logro de la igualdad de género, no depende exclusivamente de voluntades individuales, avanzar hacia ello exige un conjunto de transformaciones estructurales urgentes, partiendo desde lo más cercano: llegar a las personas a través de la visibilización y concientización de estos temas, así como también investigaciones, propuestas y proyectos que promuevan cambios en normas sociales y roles de género, licencias de paternidad intransferibles y políticas en materia de género, cuidado y trabajo que incluyan no sólo a las mujeres, sino también a los hombres. Por tanto, creemos que el logro de esta tarea requiere del compromiso de todas y todos.