Centro de Simulación Clínica: el entrenamiento sin riesgo que forma a los futuros profesionales de la salud

A través de escenarios que replican la atención real, estudiantes de seis carreras del área de la salud entrenan en un entorno seguro que les permite equivocarse, mejorar sus habilidades y enfrentar con mayor confianza los desafíos del campo clínico.

En un contexto donde la seguridad del paciente es una prioridad, la simulación clínica se ha convertido en una herramienta clave en la formación de profesionales de la salud. En la Universidad Santo Tomás (UST), este modelo se ha consolidado a través de una red de 12 centros a lo largo de Chile, donde estudiantes de seis carreras del área: Enfermería, Kinesiología, Fonoaudiología, Terapia Ocupacional, Nutrición y Dietética y Tecnología Médica, pueden entrenar en escenarios que replican la atención real.

Desde la sede Santiago, la coordinadora del Centro de Simulación Clínica, Cynthia Vega Retamal, explica que el proceso formativo se estructura en distintos niveles de complejidad. En una primera etapa, los estudiantes desarrollan habilidades básicas mediante ejercicios repetitivos como reanimación cardiopulmonar o toma de signos vitales. “La idea es que puedan repetir las técnicas todas las veces que necesiten hasta dominarlas y no fallar”, explica. Luego avanzan hacia escenarios más complejos que requieren entornos realistas, como salas de hospitalización, urgencias o atención primaria, equipadas para simular tanto contextos intrahospitalarios como extrahospitalarios.

El centro cuenta además con simuladores de alta tecnología que permiten recrear condiciones clínicas de distinta gravedad. “Podemos simular situaciones que en la vida real serían muy difíciles de replicar, incluso estados de mayor complejidad en los pacientes”, señala Vega, destacando el nivel de realismo que alcanzan estas experiencias.

El trabajo del centro se articula estrechamente con la experiencia en campos clínicos reales. A partir de situaciones que ocurren en la práctica profesional, se diseñan escenarios simulados que permiten a los estudiantes entrenar previamente en un entorno seguro. “Aquí pueden equivocarse sin miedo, y eso es clave, porque ese error no se traslada después al paciente real”, afirma. En esa línea, detalla que los alumnos primero practican en el centro y luego enfrentan la atención real con mayor preparación y seguridad.

Uno de los aspectos que distingue a estos centros es su infraestructura adaptada a las necesidades formativas. En la sede Santiago, el espacio cuenta con nueve salas clínicas, dos salas de habilidades, dos espacios multiuso y cinco salas de simulación intrahospitalaria completamente equipadas. “Tenemos todo lo necesario para que los estudiantes practiquen en condiciones muy similares a las que van a enfrentar después”, enfatiza.

En términos de impacto, la simulación clínica ha demostrado mejorar la seguridad del paciente y la calidad de la atención. “Se nota mucho en la confianza con la que llegan al campo clínico. Ya no es la primera vez que hacen un procedimiento”, sostiene Vega. Además, destaca la actitud de los alumnos frente al aprendizaje práctico: “Les gusta venir porque pueden soltarse, practicar sin presión y tomarse en serio cada escenario, aunque sea simulado”.

De cara al futuro, uno de los principales desafíos es la incorporación de nuevas tecnologías. “Nos gustaría avanzar hacia la realidad virtual y generar experiencias aún más inmersivas”, comenta, aunque reconoce que esto implica inversión y un proceso de evaluación para asegurar su utilidad en las distintas carreras.

Finalmente, la coordinadora hizo un llamado a los estudiantes a aprovechar estos espacios de formación. “Este es un lugar para aprender, equivocarse y ganar confianza. Todo eso después se nota cuando están frente a un paciente real”, concluye.