Si como adultos se nos hace complejo mantener la atención frente a extenuantes jornadas frente a una pantalla participando de clases, seminarios, cursos, talleres, reuniones u otros; los invito a ponerse en el lugar de los niños y niñas en edad preescolar, personitas que están teniendo sus primeras relaciones sociales a través de una pantalla.

Sus pequeños cerebros trabajan desenfrenadamente para lograr entender su entorno, que día a día les está presentando mayores incertidumbres, y hacen esfuerzos por aprender de él ya poco a través de la experiencia sino más bien intentando asociar lo que escuchan y observan, con lo que su cerebro les permite imaginar.

A esta edad necesitan tener la información por diferentes canales sensoriales. En ellos la atención no durará más de 10 minutos más aún, considerando que un canal digital es poco lo que les proporciona emocionalmente por lo que su interés por participar será aún más breve. Aquellas habilidades que son prerrequisito de los aprendizajes demoran en madurar, especialmente el de la atención y, hoy en día, es la función que más les estamos pidiendo a nuestros niños y niñas.

Pedirles que pongan atención son palabras sin sentido para ellos, es necesario actuar, hacer quiebres, cambiar la actividad…

Padres y madres hoy tienen una función de contención y empatía por lo que es necesario abrir paradigmas para permitirle a niños y niñas que conversen, pinten, se muevan, tomen agua, se relajen, canten, bailen, esto cuando observemos que pierden la atención…será más sano para niños y adultos y tendrá mejores resultados en los aprendizajes; reemplacemos por sonrisas esas frases constantes, emitidas con enojo y cierta frustración: siéntate, quédate tranquilo, pon atención, concéntrate, escucha, etc.

Por último, la recomendación para llevar a cabo actividades académicas con niños y niñas en edad preescolar debe ser siempre dar una actividad a la vez, con instrucciones sencillas y cortas; mientras más información le proporcionemos al cerebro éste intentará tomarlas todas y, finalmente, no tomará ninguna.

“Todo niño viene al mundo programado para la armonía y la felicidad; sin embargo, para alcanzar dichos dones el menor precisa la compañía de adultos que le guíen y eduquen emocionalmente”, Amanda Céspedes.