Los problemas de salud mental asociados a los cambios en nuestras rutinas producto del COVID, vuelven a visibilizar las profundas inequidades sociales de nuestro país. Los problemas intensificados por la pandemia, son y serán muy distintos para las personas y familias de las distintas clases socioeconómicas y culturales. Esto vuelve muy difícil hablar de UNA salud mental, ya que las condiciones básicas para la subsistencia de muchos, son aun inexistentes.

Dado el contexto social previo, el confinamiento obligado, la cesantía, las muertes, sumado a la incertidumbre económica y social, resulta imprescindible que el prisma del manejo de esta catástrofe sanitaria no sea exclusivamente biomédico e incluya con urgencia, programas de trabajo en salud mental. Con recursos que representan apenas el 1,9% del presupuesto general en salud, la modificación política del plan de contingencia que defiende el gobierno debe ser modificada, si lo que se desea es prevenir un desastre, además, en el bienestar mental de la población.

Incluso si se esfuerzan en pensar solo en términos de desarrollo económico, el Fondo Monetario Internacional – que prevé que la economía chilena se contraerá́ 4.5%, la mayor crisis económica desde la gran depresión- muestra que pandemias como esta, causan una disfunción social grave que influye en los comportamientos diarios de personas e instituciones, por lo que si al desastre financiero sumamos una población mentalmente enferma, el tiempo y la gravedad de las consecuencias a largo plazo podrían ser devastadoras.

Un sondeo de abril del presente año, muestra datos muy preocupantes sobre la salud mental en Chile. Un 83% de la población declara que su salud mental ha sido afectada de manera transversal como consecuencia de la crisis sanitaria y social. Ansiedad y angustia son los síntomas más presentes, junto con problemas para conciliar el sueño e insomnio, dolor de cabeza, tristeza e irritabilidad. Aunque el aumento de dificultades psicológicas es exponencial, solamente un 5% y un 2% ha tenido atención psicológica y psiquiátrica, respectivamente. Este panorama nacional coincide con lo reportado en investigaciones en otros países que describen depresión, estrés, ansiedad, insomnio, ataques de pánico, ira y miedo exacerbado, como trastornos derivados del aislamiento prolongado.

Tenemos evidencias y datos suficientes para fundamentar que ocuparnos de la salud mental es una tarea país urgente.

Aun así, hay una responsabilidad personal y familiar de cuidar nuestra salud mental en la medida de nuestras posibilidades y de ser necesario, buscar las opciones de apoyo psicológico a distancia, varios de ellos gratuitos, y las guías de información y estrategias de salud mental disponibles en internet.

En nuestra Región, la Universidad Santo Tomás, a través de nuestro Centro de Atención Psicológica, trabaja a nivel regional y nacional en la creación y ejecución de talleres, charlas y capsulas de salud mental, todas gratuitas y a disposición de quien lo necesite.

Tenemos un desafío en salud mental tan importante como el control de la pandemia y es necesario que se priorice ya, desde el actuar individual hasta el político y gubernamental.

Si necesitas ayudas u orientación, puedes escribirnos a capstalcaust@santotomas.cl