Hace unos días nos despertábamos con el asombro de ver pumas deambulando entre semáforos, plazas y malls. Alguien dijo: “la naturaleza está retornando a su lugar”. Vuelven los pumas, ¿pero a dónde? si con cercos eléctricos, muros y calles apenas podían circular, por suerte los atraparon funcionarios del SAG y del zoológico y no alguna de las innumerables jaurías abandonadas de nuestra ciudad de las cuales no nos hacemos cargo con medidas efectivas para su control y bienestar.

La sorpresa de algunos es la indignación de otros. Al estar restringidos en nuestros hogares, notamos lo importante que es la libertad de desplazamiento, y, sin embargo, seguimos llenando de carreteras y cercos, impidiendo el tránsito de fauna silvestre a lo largo de nuestro país.

No hace mucho, otros pumas morían atropellados en carreteras de la zona central, e innumerables otras especies corren igual suerte. Nuestras construcciones y el denominado desarrollo tienen por consecuencia muerte y aislamiento, dejando cada vez menos espacio a las especies nativas.

El fenómeno que hemos visto nos pone de frente con nuestros peores errores en nuestras extensas ciudades, con escasos ambientes naturales (incluso para nosotros), naturalizamos a ratones, perros y palomas, especies introducidas y en algunos casos dañinas. Pero nos sorprende un puma, habitante común de la zona antes de la invasión urbana, las expansiones mineras e inmobiliarias.

Las imágenes de fauna en distintas ciudades que vimos hace unos días nos gritan: ¡sin humanos el planeta tiene un respiro! Sí, un triste llamado de atención a lo mal que lo hemos hecho en este tiempo. ¿Cuánto más se requiere para darnos cuenta de que la naturaleza no es solo un recurso? ¿Cuánto más para tomar un urgente cambio de rumbo? Espero que, al salir de nuestra cuarentena, el mensaje esté claro y nuestra nueva meta sea sin dudarlo, la conservación y protección de nuestro mundo.