Unas de las aristas del estallido social es el protagonismo de las barras bravas en gran parte de las movilizaciones. Para la mayoría de las autoridades políticas, su presencia en las protestas provoca un aumento de la violencia, abordando el fenómeno, principalmente, desde el control del orden público

Sin embargo, el actuar de las barras bravas en los últimos años tendía hacia el control e, incluso, la disminución de actos de violencia.

Según el balance 2014-2018 del Plan de Estadio Seguro, el promedio de público que asistió a los estadios en ese período fue el más alto de los últimos 22 años; la presencia de carabineros en recintos deportivos se redujo un 42,7%; más de un 80% de partidos en la temporada 2017-2018 contó con presencia de bombos y otros instrumentos de animación sin incidentes asociados al ingreso; y por último, entre las personas que asisten frecuentemente al estadio, el nivel de seguridad es evaluado de forma positiva.

La razón de estas cifras, según el informe, obedece al cambio de enfoque del plan: desde uno donde el control de la violencia a través de carabineros era eje fundamental, a uno concentrado en la prevención, involucrando a una variedad de sectores.

En este sentido, el atropello a Jorge Mora, por parte de carabineros, y los argumentos expresados en el control de detención por parte de la jueza Andrea Acevedo, son un retroceso en la política de Estado hacia las barras bravas, porque vuelve a las lógicas del orden público. El contexto actual, lejos de ser una justificación para esa estrategia, se constituye en una razón más para expandir el enfoque preventivo, el cual estaba teniendo resultados interesantes hasta el momento.