La obesidad o sobrepeso podría considerarse como la epidemia del siglo XXI y ha llegado a ser uno de los principales problemas de salud pública. La Encuesta Nacional de Salud –ENS– de 2010 muestra datos preocupantes tales como: en Chile el 67% de la población tiene problemas de exceso de peso y de este porcentaje, el 25% tiene obesidad y el 2%, obesidad mórbida.

La obesidad mórbida es la forma más grave de sobrepeso, considerando que una persona sufre de esta condición cuando tiene por lo menos 50 kilogramos sobre su peso ideal o un Índice de Masa Corporal –IMC– superior a 40 Kg/m2. Se le llama mórbida porque el peso excesivo que sufre la persona ocasiona problemas de salud, como enfermedades crónicas del corazón, diabetes, hipertensión arterial y algunos tipos de cáncer, por consecuencia, la obesidad tiene un impacto directo en el deterioro de la calidad de vida y la disminución de la esperanza de vida.

Esta enfermedad tiene además consecuencias económicas para el país, como lo señalan estudios a nivel nacional, entre las que se cuentan atenciones de salud, discapacidad, ausentismo y mortalidad prematura. En promedio cada año el país gasta $1,4 billones, de los cuales $455 mil millones corresponden sólo al costo directo, es decir, a atenciones de salud… casi cinco veces el presupuesto del próximo año de la Ley Ricarte Soto.

Además de los riesgos para la salud y el costo para el Estado, existen también consecuencias emocionales para quien sufre de exceso de peso, lo que afecta aún más su calidad de vida. Las personas que sufren de obesidad mórbida, probablemente, probaron diferentes dietas, ejercicios o medicamentos sin resultado, esto debido al origen multifactorial de la enfermedad, lo cual hace difícil su tratamiento.

Para estos pacientes el tratamiento quirúrgico puede ser la única forma de solución. Evidencia científica muestra que la cirugía bariátrica es una alternativa viable para reducir los costos a mediano y largo plazo, debido a que las personas que se someten a dicho tratamiento, al perder el exceso de peso, también disminuyen las secuelas de diabetes tipo 2 y otras enfermedades asociadas a la obesidad.

Debido al aumento de personas con obesidad mórbida, se ha producido un crecimiento exponencial de la cirugía bariátrica en Chile. De acuerdo a la última encuesta nacional, el año 2011 se operaron 5554 personas.

El éxito de la cirugía, en el largo plazo, dependerá de varios factores a considerar. Primero, la selección adecuada del paciente que califica para la cirugía, quienes deben ser obesos mórbidos (IMC > de 40) o personas con obesidad grado II (IMC DE 35 a 40) con patologías asociadas y, también algunos casos seleccionados de obesidad grado I (IMC 30 A 35) con severas patologías generales y metabólicas, las cuales son evaluadas por el equipo médico.

Segundo, y no menos importante, debe existir una evaluación de un equipo multidisciplinario, formado por médicos, nutricionistas, profesores de educación física, kinesiólogos y psicólogos. Este equipo evaluará y apoyará los cambios de hábitos alimentarios, de ejercicio físico y conductuales que aseguren el éxito de la baja de peso a largo plazo. Uno de los indicadores de fracaso del proceso es el no cumplimiento de indicaciones post operatorias por el paciente.

Existen dos grandes dificultades estructurales de salud pública asociados a la obesidad mórbida. El primero, relacionado con el acceso a la cirugía. Actualmente existen diferencias en las condiciones de cobertura de Isapre, Fonasa y AUGE para estas operaciones. Para Isapres existe cobertura siempre y cuando el paciente reúna todos los requisitos arriba explicados y su plan de salud le permita acceder al servicio, asumiendo copago de ser necesario. Mientras, Fonasa financia la operación para un limitado número de pacientes obesos al año, lo que no satisface la gran demanda del sistema público.

La segunda dificultad estructural dice relación con la inexistencia de equipos interdisciplinarios que acompañen el pre y post operatorio de los pacientes, de suma importancia para asegurar que los resultados de quienes se operen se mantengan en el tiempo. Para el Estado, estas deficiencias estructurales podrían tener un alto impacto en las poblaciones más vulnerables, ya que la obesidad en los pacientes más pobres es dramática, por su gran incidencia y la enorme cantidad de patologías asociadas que conllevan. El AUGE actualmente no contempla la cirugía bariátrica y es poco probable que se ingrese a las prestaciones GES, ya que Chile no está preparado para asegurar la cobertura a la población con obesidad mórbida. El ingreso de esta enfermedad al GES obligaría a cumplir garantías exigibles de Acceso (Derecho por Ley de la prestación de Salud), lo que podría hacer colapsar el sistema de salud chileno.