Desde el año 2013 las instituciones Santo Tomás han apoyado las diversas campañas de Convivencia Escolar del Diario El Llanquihue. Ese año viajamos por toda la provincia de Llanquihue inaugurando esta campaña y realizando charlas para la comunidad educativa en distintos establecimientos educacionales, con foco en segundo y tercer ciclo, donde según las estadísticas se concentraba el bullying o violencia entre compañeros. Al año siguiente nos centramos en primer ciclo, para llevar a cabo una labor más preventiva y el trabajo con los más pequeños fue muy gratificante.

Posteriormente, surgió la necesidad de ahondar en el ciberbullying, dada la realidad social y tecnológica de nuestros niños y jóvenes, y reconociendo las redes sociales como un flagelo silencioso (para los adultos a cargo) y que sigue a los niños todo el día, hasta sus casas, o donde sea que vayan, “gracias” a los dispositivos móviles. Se extendió el trabajo, abarcando también la provincia de Chiloé.

El año pasado capacitamos a los equipos de convivencia escolar y delegados de curso para que los establecimientos generen sus propios proyectos de convivencia escolar, según sus diagnósticos de necesidades. Los proyectos debían llevarse a cabo en un tiempo acotado y las mejores iniciativas fueron premiadas en cada comuna.

El año 2019 nos presenta nuevos desafíos respecto de convivencia y violencia escolar. Por ejemplo, la ideación y el uso de armas detonantes convierten actuaciones de violencia que antes eran susceptibles de revertir, en actos con consecuencias irreversibles, tanto para víctimas como para victimarios, testigos y familiares.

Los jóvenes piensan que los adultos no los pueden ayudar, es parte de la adolescencia sentir que se sabe más que padres y profesores. Lo grave es que los adultos pensemos que no los podemos ayudar, que no tenemos herramientas, ni tiempo, y que la vida les dará la formación que necesitan. 

Los adultos debemos invertir amor, tiempo y esfuerzo en educar emocionalmente a los niños en todas las etapas de su desarrollo: expresar los sentimientos (la pena, el miedo, antes que se conviertan en ira), acogerlos y apoyarlos; desplegar la empatía en el “cara a cara”;  y dos habilidades muy perdidas en las nuevas generaciones: demorar la gratificación y tolerar la frustración. Para ser buenos modelos, podemos revisar primero cómo estamos en estas áreas, y buscar ayuda si es necesaria.