Más libros de ciencias y no de princesas

Romper la relación directa mujeres-carreras profesionales feminizadas (de las áreas de servicio, educación o atención en salud, por nombrar algunas), es de gran relevancia en la educación superior en Chile, para avanzar en la construcción de una sociedad más equilibrada e igualitaria, a la que aspiramos.

Hace más de siete décadas (1944), se titulaba en la Universidad de Chile la primera ingeniera en minas (Carmen Schwarze) removiendo la idea tradicional de que existían carreras profesionales “para niñas” y otras para “hombres”, aduciendo a atributos naturalizados.

Sin embargo, aun reconociendo el gran aporte de las pioneras, se ha avanzado a paso muy lento para lograr equiparar la participación por sexo en carreras vinculadas a las STEM (sigla en inglés que refiere a ciencias, tecnología, ingenierías y matemáticas), quedándonos el gran desafío de identificar las principales barreras que actúan para que más mujeres ingresen a dichas carreras.

Los obstáculos están más cerca de lo que creemos, pues se ha evidenciado el desincentivo que ocurre en las propias familias e incluso entornos escolares, cuando niñas y adolescentes declaran interés por estudiar tecnologías o ingenierías. Padres y madres temerosos, no siempre alientan dichas proyecciones, aferrados a concepciones conservadoras respecto a la posición ocupacional en la que se imaginan podrían desempeñarse mujeres y hombres (sus hijas/os) en su futuro laboral.

Por ende, uno de los principales retos a los que nos enfrentamos está en el plano cultural y simbólico. Esto es producir mensajes comunicacionales transformadores, que alimenten positivamente las inquietudes de las niñas por desarrollos formativos no tradicionales, que implique a su vez educación a las y los formadores (padres, madres, profesores/as), para que estimulen y no restrinjan la diversidad de opciones que comienzan a esbozar las niñas desde las más tempranas edades. Una propuesta muy concreta, es más libros de ciencias y no de princesas.