Sin duda vivimos en la era de las comunicaciones y para bien o para mal, la sociedad aún no se adapta a esta situación. Recientemente, hemos experimentado una ola de informaciones que alertan sobre un número importante de muertes por influenza en el país, mencionando un aumento de estos casos, sin precisar un número y más importante, si es estadísticamente significativo.

Como consecuencia de la información que se transmite por los medios de prensa y redes sociales, los cuales carecen del todo de rigor científico y causan pánico colectivo, se desbordan los consultorios por gente que solicita la vacuna de la influenza. Los servicios de urgencia se ven saturados por atención de cuadros respiratorios, muchos de los cuales se resolverán de manera natural en el transcurso de 4 o 7 días. Es decir, nuestros servicios sanitarios reciben una carga adicional injustificada.

El último informe emitido por la Organización Panamericana de la Salud respecto de influenza y otras infecciones respiratorias en Chile, que contiene información hasta la semana 22 (fin de mayo), señala que se observa un incremento agudo de la actividad de influenza. Asimismo, el porcentaje de positividad de la influenza aumentó y continuó por encima del umbral de alerta, junto con ello, se observa circulación simultánea de influenza A(H1N1)pdm09, influenza A(H3N2) e influenza B.

En general, a nivel nacional, los recuentos de casos de infecciones respiratorias agudas graves disminuyeron en comparación con la semana anterior y estuvieron por debajo del nivel de las temporadas previas (2015-18). Los recuentos de casos de enfermedades tipo influenza aumentaron en comparación con las semanas anteriores y estuvieron ligeramente por encima de los niveles de temporadas previas para el mismo período.

En efecto se observa un aumento por sobre el umbral de alerta, sin embargo, desde ningún punto de vista esto se puede interpretar a la fecha como una epidemia de influenza con una mortalidad que requiera cuidados mayores a los que siempre se deben tener respecto de esta enfermedad.

Es relevante destacar que la influenza es una infección de origen viral, que afecta principalmente la nariz, garganta, bronquios y, ocasionalmente, pulmones. El cuadro clínico tiene una duración aproximada de una semana y se caracteriza por la aparición súbita de fiebre alta, mialgias, cefalea, malestar general importante, tos seca, odinofagia y rinitis.

Esta enfermedad es considerada un problema de salud pública por su alta transmisibilidad, su variabilidad antigénica, y por producir una elevada demanda de atención ambulatoria y hospitalaria, así como fallecimientos especialmente en los grupos de riesgo como adultos mayores y niños menores de 2 años.

Respecto de la vacunación, siempre es importante reiterar que la campaña busca dar cobertura a los grupos de riesgo, donde la evidencia científica demuestra que está la mayor probabilidad de complicaciones en la evolución clínica de esta infección. El resto de la población, según la evidencia científica, puede soportar una infección por influenza sin presentar complicaciones graves en su estado de salud, esta situación solo puede cambiar si estuviésemos frente a una mutación del virus que efectivamente produjera una epidemia con impactos serios en la salud de toda la población, sin embargo esto no ha ocurrido.

Es bueno recordar las medidas generales que se sugieren para reducir la transmisión de las enfermedades respiratorias; evitar el contacto con personas con síntomas respiratorios; lavarse las manos con agua y jabón o usar alcohol gel; evitar ambientes contaminados con humo de cigarro, calefaccionados con carbón, leña o parafina; evitar los cambios de temperatura de ambientes calurosos a fríos; y cubrir con pañuelos desechables la boca y nariz al toser o estornudar, o como alternativa cubrir la boca y nariz con el antebrazo. Internalizar estas prácticas nos permitirán reducir la circulación de los virus respiratorios y por tanto reducir el número de pacientes infectados por los mismos.