El Gobierno ha ido en ayuda de las Micro, Pequeñas y Medianas Empresas (MIPYMES) para que puedan soportar el impacto económico de la pandemia. Para esto, el instrumento principal que está utilizando es el Fondo de Garantía para el Pequeño Empresario (FOGAPE).

La ley 21.229 promulgada el 24 de abril de este año, que aumenta el capital de este fondo a un máximo de 3.000 millones de dólares y flexibiliza temporalmente sus requisitos, tiene como objetivo apoyar al máximo número de MIPYMES.

Sin duda, este fondo llegará a una mayoría de ellas, pero, al revisar las cifras que la Comisión para el Mercado Financiero (CMF) entregó al 22 de mayo, se puede ver que poco más del 6% de las solicitudes de créditos han sido rechazados. Esto equivale a 9.027 empresas. Este hecho, entre otros, muestra que, aún con un programa como el FOGAPE, no es suficiente para llegar a las empresas más pequeñas.

Esto hace necesario volver a la discusión de si es conveniente potenciar el rol de la Banca de Desarrollo, con el propósito de hacerse cargo de las micro empresas que hoy están fuera del mercado de crédito.

La experiencia muestra que la Banca de Desarrollo ha tenido un gran potencial para fomentar el desarrollo socioeconómico de las MIPYMES. Sin embargo, para que esto se materialice y se logre afianzar, se deberá evolucionar institucionalmente acorde a los nuevos tiempos. El escenario post pandemia necesitará relevar, nuevamente, si Chile puede avanzar en potenciar y afianzar el rol de su sistema de Banca de Desarrollo.