El reciente temblor, casi terremoto, del norte chico de nuevo movió a todo el país a acudir en ayuda de las personas afectadas. Y entre ellos, había muchos jóvenes. Y eso me lleva a preguntarme si es sólo algo momentáneo, fruto de un impulso, o hay algo más detrás de esa ayuda porque los jóvenes sí están ahí.

La pregunta me hace mirar un poco más atrás y veo algo llamativo: a cientos, miles de jóvenes que dedican parte de sus vacaciones a proyectos y acciones sociales concretas para ayudar a otras personas de varias formas: en misiones, trabajos voluntarios o campamentos. Lo anterior contradice la opinión generalizada de que “no están ni ahí” porque sólo les preocupa su bienestar, su celular y sus redes sociales. Aunque es verdad que viven en sus redes sociales, y quieren disfrutar y descansar, son capaces de moverse ante las necesidades de otros. Y no lo hacen de cualquier manera, como para cumplir, sino que viven esos días con entrega y alegría.

Creo que una de las razones es que en el corazón de todo joven duerme un héroe. En todos hay una aspiración al bien, pero en los jóvenes se potencia más porque tienen esperanzas y anhelos de metas elevadas. No les pueden la monotonía y sinsabores de la vida, que pueden desanimar y conformarse con ir tirando hasta concentrarse egoístamente en uno mismo, dejando de mirar a los demás para caminar juntos. La imagen de Dios en nosotros anima esos corazones jóvenes que nos conmueven. Vemos lo que debiéramos siempre vivir todos: la fraternidad y la solidaridad.

Eso han experimentado casi 500 jóvenes en Paihuano y en Yumbel en los Trabajos de Verano de la Santo Tomás. Como dice uno de sus protagonistas: “el motor que moviliza a estudiantes de todo Chile a participar en voluntariados es AYUDAR… ¿ayudar o ayudarnos? … Siento que por esto ser voluntario nos ayuda más a nosotros que a las familias beneficiarias. Ya que nos permite valorarnos desde los ojos de nuestro prójimo, de mi hermano. Acercarme a su camino y caminar juntos por unos días al menos. No existe acto más cristiano que actuar como Cristo y los TTVV nos dan esa posibilidad. De una forma pura, sana y activa” (Raúl Sepúlveda, Chillán).

Valorando la dignidad de cada persona, a la que, desde la fraternidad y solidaridad, respetamos e incluimos, hacemos vida estos valores Santo Tomás, animados siempre por el amor a la verdad y la convicción de lograremos la excelencia con el esfuerzo constante y generoso.