Cuando la acreditación se transforma en una oportunidad
¿Dónde estudiar? Es, quizás, una de las decisiones más importantes que una persona debe pensar durante su camino formativo. Cada admisión y matrícula tiene una base importante en historias de jóvenes que aspiran a avanzar hacia una profesión, trabajadores que buscan mejorar sus perspectivas laborales, entorno familiar que luchan por pagar una carrera y personas que solo quieren un nuevo comienzo o transformar su trayectoria profesional.
Al hablar de acreditación hay que verla bajo tres pilares básicos que son: confianza, calidad y futuro.
En Chile, el proceso de acreditación en palabras simple permite observar y certificar si una institución posee los procesos, capacidades y mecanismos necesarios para llevar correctamente su proyecto educativo, garantizar la calidad de su gestión y progresar hacia una cultura de constante mejora. Para un alumno, esta información sobre la institución elegida es esencial para determinar si es el lugar para establecer su trayectoria formativa y posterior futuro aboral.
En Chile, la incorporación de las Instituciones de Educación Superior (IES) al sistema de Gratuidad y sus procesos de regulación posterior se rigen principalmente por la Ley N° 21.091 sobre Educación Superior. La regulación del proceso es llevada a cabo por el Ministerio de Educación (Mineduc), Subsecretaría de Educación Superior. Especial relevancia juega la Comisión Nacional de Acreditación (CNA) quien regula y evalúa la calidad de las instituciones y sus programas, lo que resulta indispensable para poder optar y mantenerse dentro de la adscripción a la gratuidad. Actualmente, las instituciones deben cumplir, entre otros requisitos, la de contar con una acreditación institucional de al menos cuatro años, estar constituidas como personas jurídicas sin fines de lucro (corporaciones, fundaciones, etc.), entre otros. La gratuidad permite que estudiantes pertenecientes al 60% de menores ingresos y que cumplan con todas las condiciones establecidas por el Estado, puedan estudiar sin pagar matrícula ni arancel durante la duración nominal de la carrera elegida, lo que transforma definitivamente a la acreditación en un instrumento de gran movilidad social.
Existe otro aspecto de gran relevancia que considera este proceso de acreditación, es el vínculo con el ámbito laboral. En la actualidad, las organizaciones necesitan técnicos y profesionales que puedan tener capacidad de adaptación frente a las nuevas tecnologías, poner en marcha nuevos procesos eficientes, colaborar en grupo y resolver problemas específicos. Las descripciones de los puestos laborales están evolucionando velozmente gracias a la inteligencia artificial, el proceso de digitalización y los cambios en general de la gestión productiva. La Formación Técnica y Profesional asume gran responsabilidad en este contexto cambiante; la de formar a individuos que estén listos para el presente, pero también sean capaces de adaptarse para el futuro, así mismo de aprender y desaprender durante toda su vida.
Santo Tomás constituye un ejemplo muy pertinente. El Centro de Formación Técnica Santo Tomás posee una acreditación institucional válida por seis años, en tanto que el Instituto Profesional Santo Tomás cuenta con dicha certificación por siete años, situándose ambas en nivel de excelencia. Estos resultados representan un reconocimiento al desempeño institucional, aunque fundamentalmente se configuran como una obligación hacia los miles de estudiantes que han confiado sus proyectos futuros a estas Instituciones Educativas.
Por consiguiente, al momento en que una casa de estudios superiores logra su acreditación, no basta contemplar únicamente el tiempo obtenido, conviene interrogarse sobre lo que subyace a esos periodos: mejores procesos, docentes comprometidos, estudiantes acompañados, vinculación con el entorno, innovación y una formación conectada con las necesidades reales del país y sus regiones.