En Chile, según cifras que se entregan a través del Servicio de Información de Educación Superior (SIES), en 2017 se titularon 202.575 nuevos técnicos y profesionales, que egresaron de un centro de formación técnica, instituto profesional o universidad, mostrando un aumento en los últimos 10 años de más de un ciento por ciento.

Esto da cuenta de la importancia que tiene la educación para las familias, especialmente porque la educación genera una serie de beneficios, entre los llamados colectivos o más específicamente, externalidades positivas, que superan incluso los efectos  positivos individuales. Estos beneficios colectivos contienen, en particular, la capacidad de innovación, la competitividad y el crecimiento económico de un país, así como la cohesión social y los valores comunes.

En este contexto, se vuelve necesario entonces, destacar el aporte que realizan las instituciones de educación superior de carácter privado, y que contribuyen al bien público y la movilidad social por medio de la formación de técnicos y los profesionales que el país requiere.

Pero lo relevante es también la diferencia de ingresos entre estos jóvenes técnicos y profesionales, y aquellos que solo han terminado enseñanza media. La Encuesta Suplementaria de Ingresos (ESI) 2017, indica que los ocupados con educación universitaria ganan en promedio 2,4 veces más de lo que ganan los ocupados con educación secundaria, y los técnicos de nivel superior muestran una diferencia de 150 mil pesos más que aquellos que solo culminaron la enseñanza media.

Otro dato relativo a la movilidad social que han generado las universidades privadas es que en 1990 la participación del quintil más pobre en el acceso a la educación superior universitaria era de 1,7%, mientras que la última Casen muestra que dicha participación ascendió a casi el 20 por ciento. Por su parte, los institutos profesionales y centros de formación técnica, concentran el 52% de los estudiantes comprendidos entre los deciles del 1 al 5, siendo estos los alumnos más vulnerables del sistema.

Estos antecedentes, sumados al sostenido aumento de matrícula en educación superior de pregrado, la que en 2018 fue de 1.188.423 alumnos matriculados, viene a ratificar que las familias en nuestro país creen que estudiar es una herramienta de movilidad social.