Ante la suspensión de clases por la pandemia mundial del coronavirus, la educación a distancia parecer ser la “varita mágica” que asegurará la continuidad pedagógica de los estudiantes. Es así como las universidades de Chile y el mundo han anunciado que reemplazarán las clases presenciales por actividades virtuales, contando para ello con plataformas de tipo LMS (Learning Management System) ¿Qué nuevos desafíos deberán enfrentar docentes y estudiantes? ¿Están preparados para el cambio de modalidad? ¿Se acortarán o aumentarán las desigualdades?

Quienes trabajamos en el área de la tecnología educativa venimos desde hace años insistiendo en la necesidad de desarrollar las competencias digitales, tanto de estudiantes como de docentes. Y no sólo en el manejo instrumental de las plataformas digitales, sino también pedagógico. La educación a distancia no es sólo la virtualización de contenidos o el cambiar la clase presencial por un vídeo. Se requiere realizar un rediseño de los cursos, con estrategias didácticas que aseguren actividades que inciten a los estudiantes a estar cognitivamente presentes. Para lograrlo es fundamental contar con una política institucional clara y disponer de los recursos, tanto materiales como humanos, que posibiliten el acompañamiento tecno-pedagógico de docentes y estudiantes.

Afortunadamente, desde el estallido social muchas instituciones de educación superior comenzaron a reflexionar sobre cómo asegurar la continuidad de los aprendizajes de los estudiantes en tiempos de crisis y comenzaron a fortalecer sus equipos para el desarrollo de este tipo de formaciones. Queda por saber si los estudiantes de pregrado están preparados para este desafío, ya que además de contar con un buen acceso a Internet en sus casas, deberán poner a prueba sus competencias digitales, así como su autonomía y disposición al aprendizaje.