El cambio demográfico que se produce en gran parte del mundo y en especial en nuestro país, respecto al envejecimiento de la población y en especial de Chile, es una realidad.

Para 2025 uno de cada 5 chilenos tendrá más de 60 años de edad, por lo que según la OMS podrá ser considerado adulto mayor.

A menudo vemos como se habla de los problemas y vicisitudes que deben padecer nuestros mayores debido a la desprotección de la que son víctimas y el mal trato estructural de muchas de nuestras instituciones, pero poco se ha señalado respecto a las potencialidades y ventajas que tiene pertenecer a este grupo etario.

Una de ellas, y a mi parecer, el arma más poderosa con la que cuentan es su participación política.

Según el Servicio Electoral, en el padrón electoral definitivo de las últimas elecciones presidenciales, parlamentarias y de consejeros regionales de 2017, las personas mayores entre 60 y 75 años tuvieron un nivel de participación cercano al 62%, muy superior al 36% de participación de los jóvenes entre 18 a 30 años.

Este nivel de participación, sumado al aumento de la población de personas mayores, les entrega un “súperpoder”, el cual sus propios protagonistas parecieran desconocer.

Con el bajo nivel de participación ciudadana desde la implementación de la inscripción automática y voto voluntario a través de la Ley 20.568, de 2012, el voto de los adultos mayores se ha vuelto un verdadero tesoro para candidatos y partidos políticos. Sin embargo, por contrapartida las personas mayores carecen de una organización nacional fuerte que los represente y exija sus derechos a aquel partido o posición política que más se ajuste a sus intereses. A nivel local, las organizaciones de mayores se concentran principalmente en agrupaciones pequeñas y clubes, pero no se han erigido aun organizaciones comunales de mayores potentes, que influyan por ejemplo en la oferta municipal que en muchos casos se realiza con buenas intenciones, pero escuchando poco a sus destinatarios.

Una elección presidencial puede ser perfectamente “desequilibrada” para un lado u otro con el voto de los mayores organizados, más aún a nivel comunal o regional. Cada vez que se acerque una elección nacional o local, veremos cómo los respectivos candidatos abocarán sus esfuerzos en atraer el voto de los mayores.

Me parece que ya es tiempo de que las propias personas mayores asuman esta realidad y saquen el mayor provecho posible para sus intereses, para que, de una vez, podamos mejorar la calidad de vida de los mayores en Chile. Esta realidad será posible cuando los propios adultos mayores se den cuenta de la fuerza y poderío que pueden tener si se unen.