Una experiencia formativa que comenzó en el territorio

Estudiantes de Educación transformaron espacios de aprendizaje en proyecto “Mi Primer Barrio”

Estudiantes de Técnico en Educación Parvularia 1° y 2° básico de Santo Tomás San Joaquín desarrollaron una intervención educativa en el Colegio Politécnico María Griselda del Valle, donde diseñaron e implementaron propuestas orientadas a fortalecer la convivencia, la inclusión y el aprendizaje en primera infancia

La formación de profesionales de la educación adquiere una dimensión especialmente significativa cuando los aprendizajes desarrollados en el aula se enfrentan a necesidades concretas de las comunidades educativas. Bajo esta perspectiva, estudiantes de IV semestre de la carrera Técnico en Educación Parvularia 1° y 2° básico de Santo Tomás San Joaquín participaron en el proyecto “Mi Primer Barrio: Jugando a Convivir y Aprender”, iniciativa desarrollada en el Colegio Politécnico María Griselda del Valle, en la comuna de El Bosque.
El proyecto se construyó a partir de un diagnóstico realizado directamente en el establecimiento, instancia que permitió reconocer las características de los espacios utilizados por niños y niñas de NT1 y NT2 e identificar oportunidades para enriquecer sus experiencias de aprendizaje. Desde esa observación, las estudiantes avanzaron hacia el diseño de prototipos y la ejecución de acciones colaborativas, buscando que cada intervención respondiera al contexto y tuviera una utilidad concreta para la comunidad escolar.

Más que intervenir los espacios desde una perspectiva exclusivamente estética, el trabajo puso el énfasis en su dimensión pedagógica. La propuesta buscó convertir distintos sectores del establecimiento en ambientes más significativos, seguros e inclusivos, comprendiendo que el entorno también participa en los procesos mediante los cuales los niños y niñas exploran, se relacionan, desarrollan autonomía y construyen nuevos aprendizajes.

Espacios que también enseñan. Uno de los principales resultados de la iniciativa fue la recuperación estética y funcional de la casita de juego, transformando un espacio existente para devolverle protagonismo dentro de las experiencias cotidianas de los niños y niñas. A ello se sumó la incorporación de un Panel Semafórico, recurso pensado para favorecer procesos de autorregulación y acompañar el reconocimiento y manejo de las emociones.

Creación de un Almacén Pedagógico. Desarrollado en conjunto con el área de Construcción Civil de nuestra sede, contó con nuevos juegos de piso, murales sensoriales y otras propuestas destinadas a estimular distintas dimensiones del desarrollo infantil. De esta manera, elementos presentes en el entorno escolar fueron resignificados como recursos capaces de aportar al desarrollo motor, cognitivo y emocional.

Esta mirada permitió que las estudiantes abordaran la intervención desde una perspectiva integral, entendiendo que un espacio educativo no se limita a cumplir una función física. Su distribución, los recursos disponibles y las posibilidades de interacción que ofrece pueden favorecer determinadas experiencias y contribuir a generar ambientes donde los niños y niñas se sientan parte, puedan explorar con mayor autonomía y encuentren oportunidades para aprender a través del juego.

Aprender haciendo y responder a necesidades reales. La experiencia permitió trasladar conocimientos propios de la formación técnica a una situación concreta, enfrentando el desafío de observar, proponer y materializar soluciones en función de un contexto educativo determinado. En ese proceso, el trabajo colaborativo y la creatividad se convirtieron en herramientas para abordar necesidades específicas, pero también en parte de un aprendizaje profesional que trasciende la sala de clases.

El proyecto evidenció, además, la capacidad de las estudiantes para participar activamente en procesos de transformación de los espacios educativos. Su intervención no solo se tradujo en modificaciones visibles dentro del establecimiento, sino también en la generación de propuestas vinculadas con la convivencia y el bienestar de quienes utilizan diariamente estos ambientes.

Desde esta perspectiva, “Mi Primer Barrio” constituye una experiencia aplicada en la que los saberes académicos se relacionaron directamente con las necesidades de una comunidad educativa. La iniciativa permitió que las futuras técnicas en Educación Parvularia comprendieran el impacto que pueden generar sus decisiones pedagógicas y la importancia de diseñar ambientes que acompañen el desarrollo integral durante los primeros años de vida.

El trabajo realizado en el Colegio Politécnico María Griselda del Valle deja así una experiencia concreta de aprendizaje y participación, en la que la formación profesional se vinculó con el entorno para generar soluciones pertinentes y sostenibles. Una experiencia que reafirma el valor de aprender haciendo y de poner los conocimientos al servicio de comunidades que encuentran en la educación una herramienta para construir espacios de mayor bienestar, convivencia e inclusión.